BPS y discapacitados: así no, por favor
JORGE R. BRUNI
Martes 19 de Febrero, hora 15.32. Las puertas del BPS se cierran media hora antes que de costumbre. ¿Quién dio la orden? Poco importa. No vale la pena gastar pólvora en chimangos.
Sorpresa e indignación para los cientos de personas afectadas de discapacidad laboral, que congregados frente al organismo previsional protestaban por el corte de ayudas extraordinarias a más de un centenar de organizaciones que los agrupan.
Quizás quien dio la orden pensó que la paz y el orden público serían afectados por los discapacitados protestando. ¡Por favor! ¿Adónde se quiere llegar con tales actitudes?
Y no se protestaba por capricho. No. Según el Plenario de Organizaciones de Impedidos (Plenadi), el corte de las ayudas extraordinarias puede afectar entre 9.000 y 10.000 personas, la mayoría jóvenes de estratos medios y bajos de la sociedad.
En la última sesión del Directorio del BPS se lograron algunos avances, producto de que parecería que se empieza a entender la problemática, aunque aún están pendientes soluciones de fondo.
Siendo el problema central y preocupación de todos a solucionar, sin embargo no es el tema central de esta nota. Son otros nuestros desvelos.
Digámoslo fuerte y claramente: así como el funcionario que dio la orden de cerrar las puertas está para la función pública y no ésta para él, ¡bueno sería!, el BPS tiene su razón de ser por y para la gente. Si no, no sirve.
Recordémoslo: estamos hablando de seguridad social, que tiene como una de sus finalidades prioritarias, ayudar, proteger a los necesitados
Por tanto el BPS, organismo rector de la seguridad social, debe adecuar su actuación a tales objetivos. De ahí que su ley orgánica establece que tiene la obligación de promover la rehabilitación e integración social de las personas con pérdida de la capacidad laboral, y de proveer centros de rehabilitación para ello.
Hasta ahora no lo hace directa sino indirectamente, que no es lo mismo, a través de múltiples organizaciones a las que hoy pretende cortarle los víveres.
De ahí la masiva protesta del martes 18 de febrero, día que pasará a la historia como aquel en el que el BPS le dio un portazo en las narices a las personas discapacitadas.
Portazo que no hemos observado se lo den, por ejemplo, a aquellos empresarios inescrupulosos que en forma mágica, transforman a sus trabajadores en empresarios unipersonales truchos, con lo cual hacen un negocio redondo, usando y mal usando el artículo 178 de la Ley 16.713, haciéndole perder, de paso cañazo, casi la totalidad de los derechos a los trabajadores, imprevistamente devenidos en empresarios. Y son casi inexistentes los contratos que cumplen con la obligación legal de inscripción en el BPS. Brillan por su ausencia.
No en vano entre 1996-2000 crecieron un 70% las empresas unipersonales en el país, siendo el porcentaje en Montevideo el 120% según informes del BPS recientemente publicados.
Hace unos cuantos años, ese hombre sabio, orgullo para el país, que se llama Héctor Hugo Barbagelata dijo, refiriéndose a la relación de los afiliados con el BPS: «…que pensar que el afiliado a la seguridad social, (en el caso los discapacitados) está en igualdad de condiciones con el servicio, parece absolutamente fuera de lugar. El afiliado está allí, pobrecito, solo frente al monstruo de la administración, el monstruo burocrático. No se puede hablar de pie de igualdad».
Lo sucedido con los discapacitados pone sobre el tapete la pregunta: ¿para qué está el BPS en definitiva? ¿Para la gente? Con actitudes como las del martes 18, ¿adónde se quiere llegar?
En cuestión de relaciones con el BPS, parecería que hubiera hijos y entenados. En fin… *
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