La globalización ética
NIKO SCHVARZ
Mary Robinson se ganó nuestro respeto por su conducta vertical en nuestro país, cuando en una Comisión parlamentaria enfrentó a los integrantes del gobierno de coalición, defendió la vigencia irrestricta de los Derechos Humanos y criticó desde ese ángulo los alcances de la ley de caducidad.
Es la coherencia de una actitud de toda la vida. Electa durante 20 años al Parlamento por Dublín, defendió en forma consecuente los derechos de las mujeres, el divorcio, la diversidad sexual. En noviembre de 1990 ganó la presidencia de Irlanda (primera mujer que accede a ese cargo) con 52% de los votos, como candidata independiente apoyada por el Partido Laborista, la Asociación Política de Mujeres y los sindicatos. Desde 1997 es Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en esa condición intervino en la Conferencia Mundial contra el Racismo celebrada en Durban, Africa del Sur, en agosto-setiembre de 2001, y ahora vigila por el mundo el cumplimiento de las resoluciones allí adoptadas por 160 países. Se recordará que EEUU e Israel abandonaron dicha conferencia, en cuyo transcurso los países árabes condenaron duramente la política de ambos en Oriente Medio. Viene a cuento también el hecho de que Bush esté recogiendo ahora en Japón y Sudcorea expresiones de repudio a la denuncia unilateral, exclusivamente por parte de EEUU, del protocolo de Kyoto sobre contaminación ambiental adoptado por la comunidad internacional.
Activa participante ahora en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, Mary Robinson dictó conferencias, brindó reportajes, entrevistó a las autoridades brasileñas, centrándose en la defensa de los derechos de los afro-brasileños, afectados por la falta de tierras y de empleo y los peores indicadores económicos, lo que resumió en la frase de que «la pobreza en Brasil tiene color: es negra». Junto con ello, acuñó uno de los lemas fundamentales del Foro: la globalización ética. En una exposición efectuada el día 1º de febrero definió, por un lado una globalización a ser combatida: esto es, la que genera desempleo, miseria y destrucción del medio ambiente; y por otro, una globalización a ser conquistada: la globalización ética.
En su opinión, la mundialización de los conocimientos y de la tecnología debe concentrarse en la lucha contra la pobreza, el respeto de las identidades culturales y la preservación del ambiente. A la vez, identificó en el Foro de Porto Alegre un ámbito propicio a los cambios sociales por medio de acciones positivas y de posicionamientos éticos que influyan en las decisiones de los gobiernos y en las acciones de las organizaciones sociales. Cuando al término del evento se le requirió una apreciación de conjunto, respondió: «Espero que los resultados del Foro Social Mundial marquen una globalización ética; que mecanismos internacionales de Derechos Humanos integren las reglas básicas de la globalización».
Un editorialista de Zero Hora considera que «éste es, posiblemente, el resultado más positivo de este encuentro que reúne a millares de opositores al neoliberalismo en la capital gaúcha», formulando votos para que el tercer FSM, también en Porto Alegre, «acentúe el pluralismo y la tolerancia con ideas diferentes, elementos esenciales en la búsqueda de la deseada globalización ética, con desarrollo y justicia social».
Hay una notable coincidencia entre estas ideas y las que, en los mismos días, exponía José Saramago en una entrevista de la revista Veintitrés. El lector ya sabe que en el magnífico acto de clausura del FSM dos actrices y un actor escenificaron un bellísimo texto del escritor portugués sobre la justicia. En el reportaje, Saramago resume las enseñanzas de las vicisitudes históricas del siglo XX en este concepto: «Si no adoptamos un principio ético de responsabilidad personal y colectiva, ¿adónde llegaremos? A ninguna parte». Empieza en el terreno individual: «Lo que debemos hacer cada uno de nosotros, es respetar nuestras propias convicciones, no callar, donde sea, como sea». Termina en el plano mundial, con la afirmación de que «hay que intentar la internacional de la razón ética».
En mis notas sobre el Foro Social Mundial publicadas en la sección Mundo (LA REPUBLICA de los días 8, 9, 11, 16 y 17) destaqué como el rasgo más significativo del Foro de Porto Alegre II el avance en el terreno de las ideas, la ofensiva ideológica contra el neoliberalismo y el pensamiento único (que ya no reinan en forma omnímoda, y son contragolpeados en todas partes), todo ello encarnado en grandes líneas de acción y propuestas de cambio. La globalización ética es una de las principales de estas ideas-fuerza. *
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