Políticos y técnicos
En su discurso del martes último, en Agraciada y San Quintín, Tabaré hizo una referencia valiente a la importancia de la acción política. Dijo que sin la acción política no hay democracia, ni crecimiento económico, ni desarrollo humano. Más adelante reiteró que el cambio que necesitamos lo deberemos encarar en clave política. Fíjese usted la importancia que tiene esa afirmación, en momentos que arrecian las críticas hacia los políticos y los partidos por la inacción, la discusión estéril, los sueldos fastuosos, lo poco que hacen, las prebendas, los acomodos y la corrupción. Es más: en momentos en que se aconseja a los ciudadanos que dejen de politizar todo, que ya estamos hartos de tanta politiquería.
En cambio, se presenta a los técnicos como la panacea para la conducción de los países, dado que están capacitados por los largos años de estudios y la formación sólida que han tenido; agregando que no tienen compromisos, ni son corruptos; solamente se deben a los conocimientos adquiridos, respaldándose en ellos.
Quiero compartir con usted algunas reflexiones:
1.- En todas las profesiones y actividades existen individuos que aprovechan sus conocimientos, o la posición que ocupan, para cometer tropelías en beneficio propio y en perjuicio de los demás. ¿Nunca sintió hablar del abogado que estafó a un cliente? ¿De un funcionario que se enriquece aprovechando la posición que ocupa en la empresa? ¿De un médico abortero? ¿De un arquitecto que tapa con enredaderas sus chapuzas? ¿De los empleados públicos ñoquis? ¿Del comerciante que adultera las fechas de caducidad de los productos? ¿Del inspector que tiene la muletilla «cómo arreglamos»? Podría seguir con los ejemplos, pero todos ellos tienen en común con el político venal que aprovechan conocimientos o cuotas de poder en beneficio propio o de sus compinches.
2.- Todos los técnicos tienen sus normas éticas, al igual que los políticos. Creo que a todos hay que juzgarlos en base a ellas. No estoy de acuerdo en igualarlos con la afirmación genérica «de noche, todos los gatos son pardos». Porque esa igualación va en perjuicio de los que respetan las normas éticas, y de la sociedad en su conjunto, ya que induce a descreer de todo y de todos.
3.- Los técnicos –especialmente los economistas– tienden a sintetizar el problema social en una ecuación matemática íntimamente ligada con el metier del que son especialistas y ensayan soluciones en el marco de la escuela de opinión científica que militan. En el campo de la economía, en particular, sólo disponen de la información histórica y la confianza en la ecuación paramétrica que los ha enamorado.
4.- El político, en cambio, tiene la obligación de buscar la solución en al ámbito de la sociedad en que se mueve, dando por descontado que la que implemente no será inocua e imparcial en el seno de la sociedad. Su obligación: escuchar a los técnicos, que cada uno en su especialidad aportará mayor claridad para el discernimiento final. Pero no hay dudas que la determinación de la solución, es de los políticos. A ellos corresponde, elegir el camino que resulte más beneficioso para la sociedad que representa, atendiendo –además de los asesoramientos de los técnicos– a las posibilidades que tenga la solución, de ser admitida por la sociedad. Porque la de político no es una profesión, sino una vocación. Aunque vale la pena acotar que últimamente estamos asistiendo a un tipo de malformación que consiste en que los políticos actúen detrás –y santifiquen– lo que indican los técnicos, avalados, a su vez, por organismos internacionales de crédito.
5.- Todos acudimos al médico cuando enfermamos, al panadero para comprar pan, al abogado para dirimir un pleito. Pero cuando se trata de pérdidas masivas de empleos, crecimiento de la delincuencia, o conflictos con otros países, las miradas convergen en los políticos.
En resumen: creo –parafraseando no sé a quién– que la convivencia pacífica en la sociedad con buena calidad de vida, es un asunto demasiado trascendente, como para dejarla en manos de los técnicos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad