Un gran presidente para la Suprema Corte de Justicia

En estos días, en el más bien grisáceo panorama institucional, se ha producido una nota distinta, auspiciosa: la designación del Dr. Gervasio Guillot como presidente de la Suprema Corte de Justicia.

El Dr. Guillot es un magistrado de carrera y accede al alto cargo a través de mecanismos legales en los que no aparece la intervención del poder político. Se trata entonces de una designación que reafirma una tendencia reciente en el país y que apunta a consolidar la independencia del Poder Judicial con relación al sistema de partidos.

La designación del magistrado es un hecho altamente positivo; supone el reconocimiento de una trayectoria y de una calidad moral e intelectual de primera fila expresada en una carrera excepcional en el terreno judiciario.

Como otros jueces cultos e independientes, el Dr. Gervasio Guillot conoció las persecuciones durante la dictadura y debió pasar varios años sin ejercer su profesión.

Su designación es, también en ese sentido, un justo reconocimiento a una trayectoria de coraje cívico que vale la pena no perder de vista y menos en una zona tan erizada de dificultades como lo es la Justicia.

El hecho tiene importancia, además, porque en el país está en debate una serie de temas medulares que tienen que ver, justamente, con la independencia del Poder Judicial.

El Dr. Guillot ha expresado públicamente sus ideas al respecto y ha comprometido opinión en torno a la necesaria independencia presupuestal del Poder Judicial.

Parece de una claridad meridiana que una instancia como la que materializa la judicatura en el ordenamiento institucional que el país se ha dado, debe rodearse de las máximas garantías de idoneidad, calificación e independencia de los jueces.

Es evidente, asimismo, que tal deseada autonomía encuentra escollos insalvables cuando la corporación encargada de poner en práctica los preceptos constitucionales depende financieramente de las decisiones de otro poder, como es el caso actual de nuestro país.

La autonomía presupuestal, junto con la jerarquización material y moral de la función judicial, resulta imprescindible para instalar con fuerza al Poder Judicial en la vida institucional del país.

Las expresiones que en estos días ha formulado el Dr. Gervasio Guillot lo muestran justamente en esa línea de reflexión y de acción.

No se trata de una formulación de naturaleza corporativa, donde las necesidades de un estamento profesional y un área de la acción estatal se pretendan jerarquizar para dar satisfacción a los anhelos –morales o materiales– de las personas que lo integran.

Por el contrario, más que cualquier aspiración egoísta o «corporativa», las ideas expresadas por el nuevo presidente de la Suprema Corte de Justicia apuntan a dar respuesta a una necesidad nacional, a fortalecer un sistema de garantías para toda la comunidad, un poder que haga viable para todos los uruguayos el ejercicio pleno de todos los derechos civiles y políticos que la Constitución establece para los ciudadanos.

La existencia de un Poder Judicial independiente, prestigiado, técnica y moralmente firme es esencial para las naciones. Siempre ha sido así, al menos en los últimos siglos.

Nunca más que ahora, cuando los cambios vertiginosos en las sociedades transforman profundamente economías, sociedades y mentalidades y parecen instalar el reinado ominoso de los hechos consumados por encima del derecho, favorecer el desarrollo de nuevas y más sutiles formas de la injusticia y la corrupción.

Un Poder Judicial independiente, jerarquizado, con autonomía en material presupuestal, es un atributo esencial para la estabilidad y la consistencia de la democracia.

Que sea bienvenido entonces a la primera titularidad de la magistratura este luchador por estos ideales de justicia. *

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