ESTAMOS ATENTOS

¿Condenados a la locura del déficit?

Qué harán dentro de algunos meses el presidente Jorge Batlle y el equipo económico de gobierno, encabezado por Alberto Bensión, cuando se confirme el nuevo avance del déficit fiscal?

Esperamos, con la mejor voluntad, que arríen sus banderas y que la soberbia con que se manejan en materia económica se convierta en un mal recuerdo. A esa altura, habrán llegado al vórtice de una crisis totalmente inédita para este país.

El nuevo ajuste recesivo que están implementando, del que Batlle dio una explicación con enormes claroscuros, es otro elemento de ese camino hacia la cesación de pagos, pues es elemental que no se puede aplicar –en el marco de una situación recesiva– una medida que sacaría más de 400 millones de dólares de circulación, en buena medida de los bolsillos de la gente, cuando la economía uruguaya requiere una inyección de dinero y no una nueva sangría.

El gobierno sostiene que no es posible concretar una política anticíclica y que para evitar la «catástrofe» del default se deben realizar economías de inmediato, para lo cual se golpea a los funcionarios estatales en una franja de sueldos superior a los doce mil pesos, aplicándose además una serie de impuestos cuando la capacidad contributiva de muchos sectores está colmada, previéndose que crecerá nuevamente la evasión. Además se anuncia de manera demagógica la aplicación de una imposición al sistema financiero, pero no se dice que la misma puede ser descontada del impuesto a las ganancias.

Ello se suma al aumento de las tarifas públicas, de los combustibles, etcétera, mostrando que el Estado uruguayo –para poder sostenerse– debe seguir aumentando su peso, mecanismo realmente perverso que afecta decisivamente la actividad del país. ¿Qué empresario puede impulsar la reapertura de sus fábricas pagando por los combustibles, la energía, las comunicaciones, etcétera, los precios más altos de la región?

Por otra parte, el presidente Batlle en su mensaje del jueves indicó que la solución para el país está en la exportación, olvidando por completo la incidencia del mercado interno, que consume el 85 por ciento de la producción nacional, algo fundamental como piso para que las empresas se asienten y, en ese camino, poder multiplicar su producción para poder exportar.

Batlle no tuvo en cuenta algunos libros de texto fundamentales para la comprensión de la realidad económica. Leemos en un manual de consulta, titulado «Análisis explicativo», editado por Cepal-Ilpes-Unrc. Allí se expresa lo siguiente: «Por otra parte se debe detectar como más homogénea la industria especializada en alimentos y bebidas que se asienta en la comercialización de sus productos en el mercado interno y que tiene una integración de insumos ‘vertical’ con la producción nacional, determinando que sea menos vulnerable que los emprendimientos dirigidos a la exportación expuestos a los cambios políticos coyunturales que se producen a nivel internacional, sobre los que no se puede actuar directamente».

Hasta el momento los miembros del equipo económico se han salteado comprobaciones como la señalada, sin entender tampoco cuál es su función, que no tiene nada que ver con asegurar el pago de cada una de las cuotas de la deuda externa, sino trabajar para mejorar la calidad de vida de todos los uruguayos.

El resultado de tanta tozudez y desapego por la realidad uruguaya ha determinado que el país se siga deslizando por un tobogán de inclinación creciente, en un proceso de crecimiento de la pobreza. Es que el modelo que han elegido es de marginación, justamente el mismo que ha impulsado el FMI y que llevó a Argentina a la actual situación de desastre nacional.

Aquí, el gobierno al igual que el avestruz ignora la realidad y sigue actuando en un camino que dejará a Uruguay y a los uruguayos en una situación que determinará una crisis social de consecuencias impredecibles. *

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