A Bush no hay quien lo frene
Las noticias provenientes de los Estados Unidos no pueden ser peores: la administración presidida por Bush acaba de solicitar un portentoso aumento de los recursos de Defensa.
Los anuncios siguen a la incorporación en la lista de países enemigos de los Estados Unidos a otras naciones como Corea del Norte e Irak.
A este panorama por demás inquietante hay que sumar los rumores y acusaciones que desde Israel se formulan contra Irán y la supuesta complicidad de su gobierno con el movimiento Al Qaeda y Osama bin Laden.
Las demandas presupuestales para la guerra de Bush retrotraen a los porcentajes de gasto militar de los peores momentos de la guerra fría, cuando el presidente Ronal Reagan anunciaba su propósito de desarrollar la guerra de las galaxias contra la Unión Soviética.
La propuesta de la actual administración en materia de gastos de Defensa implica aumentos del orden de los 48 mil millones de dólares y los gastos para la seguridad interior otros 37 mil ochocientos millones.
¿De dónde se obtendrán estos recursos? De la suspensión de las obras públicas en autopistas y carreteras y de la eliminación de un gran número de proyectos en materia de salud y educación.
De este modo, a nombre del combate al terrorismo y de la defensa de las libertades de los Estados Unidos, la administración norteamericana le da un nuevo empuje a la industria armamentista y a la creación de un clima mundial favorable a resolver por vía militar todos los problemas, incluyendo el del terrorismo.
Las iniciativas de Bush han provocado algunas reacciones dentro y fuera de los Estados Unidos.
La oposición del partido demócrata se expresó rápidamente en distintos medios.
También en el exterior, y por primera vez con total claridad, se empiezan a oír las formulaciones de gobiernos europeos que marcan sus diferencias con las líneas cardinales de la política norteamericana.
En estos días, el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Hubert Vedrine alzó su voz para expresar el punto de vista del gobierno que integra. Según el canciller, «los Estados Unidos tienen una tendencia a abordar los asuntos globales unilateralmente, sin consultar a nadie, basándose en su propia interpretación (…) Pero los Estados Unidos no apuntan a atacar las causas, la pobreza, la injusticia».
Según cree el ministro francés, Bush desarrolla una política simplista, desde una única óptica que es la lucha contra el terrorismo.
Los puntos de vista de algunos dirigentes políticos europeos, no es el caso de Tony Blair, apuntan a situarse en el panorama internacional a partir de un examen más minucioso de los factores en juego. No desean dejarse arrastrar a un incremento de las acciones militares en la perspectiva planteada por Bush que habrá de implicar, tarde o temprano, la reanudación de las hostilidades en el golfo Pérsico o en acciones contra Irán o Corea del Norte.
La impetuosa militarización de las relaciones internacionales impulsada por Bush, acompañada de la sumisión inalterable del otrora creador de la «Tercera Vía», sólo puede ser vista como un factor de aceleración de los peores procesos en curso en el campo internacional: incremento de las tensiones militares, aumento de las poblaciones desplazadas por la guerra, exacerbación del fundamentalismo y los prejuicios étnicos y religiosos, desatención de los planes de ayuda a las naciones más agobiadas por la miseria, descaecimiento del prestigio del derecho internacional y de los tribunales y un largo etcétera.
El desconocimiento del destino de Bin Laden, cuatro meses largos después del inicio de la guerra, reproduce la trágica situación en la que desembocó la Guerra del Golfo: las operaciones militares no alcanzaron a los líderes de las acciones que se condenan. Son las poblaciones civiles, indefensas, las que pagan su agobiante costo en interminables padecimientos de todo tipo. *
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