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Ajuste recesivo en recesión

Sin haberse contabilizado los tradicionales aumentos en las tarifas públicas que todavía no se produjeron, la inflación en enero –según la Dirección Nacional de Estadística– fue del 0,87, llegando a 4,15 por ciento en el último año calendario. Un pujo realmente impresionante determinado, obviamente, por la temerosa torpeza con que el gobierno manejó las consecuencias de la crisis argentina que provocó en nuestro país una onda especulativa que favoreció la drástica duplicación del ritmo devaluatorio y la ampliación de la banda de flotación que pasó de 6 a 12 puntos.

El gobierno no supo manejarse en la contingencia y quedó acorralado por la arremetida de los especuladores que tuvo su pujo arrollador el viernes 4 de enero, fluyendo a la compra de dólares una cantidad de pesos que el Banco Central no contabilizaba como en circulación.

La modificación cambiaria abrupta, adelantándose a los hechos de la Argentina y el nerviosismo manifestado por el gobierno en general y el equipo económico en particular, fueron hechos que obviamente actuaron sobre las expectativas de los actores económicos, que primero presionaron a la devaluación y posteriormente, en distintos niveles de influencia, remarcaron en promedios difusos, lo que se reflejó en ese alto 0,87 por ciento.

Un verdadero escándalo, antecedido y precedido por otro contradictorio fenómeno: caídas de la cotización de la moneda norteamericana por debajo del piso de la banda, determinando que el Banco Central debiera salir a comprar dólares para que su cotización no se desmoronara.

Por supuesto, el silencio es el método de comunicación que frecuenta el gobierno. Nadie sabe qué piensan los actores de tantas medidas inconexas, que siempre tienen un mismo efecto. Empobrecer más al Uruguay (crecimiento del déficit fiscal) y también, como siempre ocurre, a los uruguayos.

Ahora, en el marco del mismo nerviosismo, se ha decidido un nuevo ajuste recesivo que se aplicará en el marco de una crisis de crecimiento que ya ingresó en su cuarto año. Pocas veces se ha visto un manejo menos adecuado de los instrumentos económicos. Desencadenar otro ajuste recesivo en el marco de un proceso de destrucción de riqueza, es un absurdo de magnitud.

Ni siquiera se estudian los instrumentos que se aplican en otros lares, incluso en los EEUU, donde el gobierno para seguir impulsando la todavía débil tendencia al crecimiento que se manifestó en las últimas semanas, envió al Poder Legislativo un presupuesto con gastos estatales récord.

A la desprolija modificación de las pautas del mercado cambiario se suma este ajuste desordenado, sin otra perspectiva que afectarnos a todos de manera negativa.

Ese alto 0,87 por ciento de inflación en enero es una muestra de ello. *

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