El País y "los riesgos" de la democracia
GABRIEL MAZZAROVICH
Con los editoriales de El País ocurre un fenómeno particular, uno cree que ya nada lo puede asombrar y, sin embargo, cada día se sorprende.
Ayer con el título «La democracia bajo riesgo», el editorialista del matutino caganchero recupera una vez más el discurso más cavernícola y antidemocrático de que se tenga noticias en estas tierras. Todo bajo el velo de la preocupación por «el descreimiento» y el «desprestigio» de la política y los políticos, motivada –según el matutino– por la demagogia y el populismo, obviamente encarnados en la izquierda.
Para el editorialista del diario que fue el vocero obsecuente de la dictadura, «El riesgo que se cierne sobre la democracia uruguaya, radica en la gravitación que pueda tener el Encuentro Progresista-Frente Amplio no sólo porque, de llegar al gobierno, pondría en marcha planes vetustos y probadamente fracasados e infecundos sino porque éstos, a su vez, generarían el descreimiento en nuestro sistema democrático y su desprestigio».
Es decir, según el editorialista de El País, que apoyó la dictadura, la represión, la tortura, la intervención en la Universidad, la democracia uruguaya está en riesgo y lo está por «la gravitación del Encuentro Progresista-Frente Amplio».
Por ello afirma que «corresponde a la acción positiva de la coalición de los partidos democráticos, con el buen uso de la mayoría de los votos de la que disponen, evitar que se haga realidad aquella retrogradante posibilidad».
En realidad el matutino que apoyó a «demócratas» como Videla y Pinochet, equivoca una vez más el motivo de sus preocupaciones.
Como lo muestra Argentina, lo mostró Ecuador, lo señalan los países de Latinoamérica y lo empiezan a reconocer hasta los propios organismos internacionales, lo que ha generado la erosión sobre la política es la aplicación consecuente y sin fisuras del modelo económico neoliberal que ha llevado a la pobreza, la marginación y la exclusión social y económica de millones de personas.
El peligro real sobre la democracia son las prácticas clientelísticas y la corruptela de sectores que se han perpetuado en el poder, que no dudaron en reprimir salvajemente para proteger sus privilegios y que ahora apelan a una gigantesca operación ideológica con el mismo objetivo.
Tanto el modelo neoliberal, como la represión y ahora la operación ideológica, han tenido y tienen a El País como operador y vocero privilegiado en Uruguay.
Pero lo grave de todo esto es que se vuelva a hablar de «riesgos para la democracia» y que se distinga, sin ninguna autoridad moral para hacerlo, dicho sea de paso, entre partidos democráticos y otros que no lo son.
En realidad se atenta contra la democracia mostrando fantasmas inexistentes, excluyendo sistemáticamente a amplísimos sectores de la población, vaciando de contenido instituciones clave de la democracia, como el Parlamento, reduciéndolas a simples ratificadoras de acuerdos que se realizan en otros ámbitos, transformando a los políticos de representantes del pueblo en simples operadores de los poderosos intereses de lobbys económicos.
Se atenta contra la democracia insistiendo dogmáticamente en la aplicación de un modelo económico, ése sí vetusto, ése sí fracasado en cuanto lugar se aplicó.
Se atenta contra la democracia recortando los derechos ciudadanos, prohibiendo que los trabajadores manifiesten en Punta del Este para no molestar a los turistas y sembrando alarma y calumniando con sospechas a la historia de defensa de la libertad del movimiento sindical uruguayo. En definitiva, El País está donde estuvo siempre. Que conste. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad