La caída del modelo y el silencio de los analistas

Ante lo que ocurre en el mundo, en la región y en el país, con la caída en picada del modelo, es interesante observar el comportamiento cauteloso de los ideólogos del neoliberalismo frente a los hechos. Resulta sintomático que frente a los ataques al modelo de parte de Stiglitz o Krugman y tantos otros sabios, ellos no contestan o a lo sumo ensayan la defensa de sus posiciones argumentando que lo que ocurre es que el modelo no se aplicó correctamente. No se ha podido leer un solo editorial sobre la estafa de Enron y la implicancia de los socios de Bush… Ahora están reunidos en el Waldorf Astoria; el Foro de Davos toma sus precauciones.

Pero en realidad, lo que llama la atención es que los fundamentalistas vernáculos han redoblado, en este tiempo de crisis, sus ataques a la izquierda, a la «demagogia populista», a la ausencia de propuestas de los llamados progresistas. Y así, mientras silencian la prisión de Carlos Röhm (el banquero argentino vicepresidente del Banco Comercial y titular de la Asociación de Bancos) y la huida de José Röhm, su hermano y también director del Banco Comercial, en la prensa de derecha y en las audiciones, aumentan el calibre de la munición contra la izquierda. En el fondo parecería que están desconcertados por la nitidez de los hechos y el acierto total de las previsiones que las fuerzas progresistas hicieron sobre el final caótico, delirante y trágico para la gente a la que han robado. Y como temen el fin de sus empleos y conocen la metodología implacable de los capitalistas cuando cae la rentabilidad, intentan, en un rapto de desesperación, redoblar los ataques contra la izquierda. Y entonces aparecen de nuevo el «costo país», el «achique del Estado» y la diatriba contra los «estatistas».

Si el modelo se recupera pronto, nada hay que temer. El problema está en el hecho que, si se cae, el destino de estos personajes es realmente negro. Y parece correcto prever estas situaciones para impedir que la desesperación pueda derivar en situaciones incontrolables. Por eso, una de las cosas que sería bueno ir articulando, es un proyecto de ley que establezca un seguro de paro especial para ellos. La idea no es mala, pero está el problema de la financiación. Tal vez se podría incrementar en un punto porcentual el impuesto a los sueldos de entre tres mil y cinco mil pesos… *

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