Lo demás es puro cuento
Nuevamente los especuladores, poseedores de reservas de dólares, están presionando por una devaluación que, obviamente, quebrará uno de los únicos logros de los últimos gobiernos: la estabilidad.
Al parecer una filtración, de la que no tenemos por qué dejar de creer, indica que sería intención del gobierno llevar la devaluación anualizada al 25 por ciento (actualmente se calcula en un 15 por ciento), lo que, obviamente, determinará un descenso salarial de la misma magnitud y una cadena de efectos colaterales, entre ellos los que afectarán a quienes tienen deudas en dólares, determinando otra disminución de la capacidad de compra de la gente. O sea, otro paso más a la generalización del empobrecimiento. El gobierno uruguayo que tiene a su servicio a una extensa nómina de economistas, muchos de ellos usufructuando jugosos contratos de obra, cuando se produjo la devaluación de Brasil creyó que la misma determinaría un proceso inflacionario de magnitud. Pero todos esos economistas se equivocaron. La apreciación del dólar en Brasil, país poseedor de una economía no dolarizada, no se reflejó en el aumento de los precios internos, aunque se produjeron intentos de remarcación.
Ese inicial salto en los precios que se intentó de poco sirvió. El dinero en los bolsillos de la gente era escaso y los precios, efectivamente, debieron descender especialmente en su relación con el dólar. De lo contrario el consumo, una de las fuerzas del desarrollo, se derrumbaría.
Por ello a Brasil la modificación de la paridad le sirvió efectivamente, mejorando su competitividad con el exterior, pero no perjudicando en forma abierta a la población. Pero además, allí se dejó flotar libremente a la divisa, cosa que en Uruguay no harán, porque se prefiere la llamada flotación «sucia» donde el Estado interviene cuando el dólar supera el techo o cae por debajo del piso de la banda de flotación.
En nuestro país existen de entre 7 a 8 mil millones de dólares, todos ellos de no residentes, especialmente provenientes de la Argentina, de un total estimado de unos 13 mil millones de dólares de depósitos. Una devaluación que sumara un 10 por ciento al 15 que actualmente se concreta por el corrimiento del dólar que hace diariamente el Banco Central, quizás mejoraría en algo la situación de los exportadores. Pero, obviamente, se estaría encareciendo en ese porcentaje todo lo importado. Nos preguntamos: si en el último año móvil se produjo ya una devaluación del 15 por ciento, ¿cuáles son las cifras que maneja el gobierno sobre mejoría en las exportaciones?
Pero lo preocupante es otra cosa y el concepto lo planteamos en esta interrogante: ¿por qué cuando devaluó Brasil no se dejó flotar el dólar para alinearnos a esa economía que, en ese momento, era la mayor compradora de nuestros productos?
Ahora, ante la debacle argentina, se quiere modificar la política cambiaria ampliando la banda de flotación, sin que importen algunos extremos que vivimos los uruguayos como consecuencia de la miopía anterior. ¿Quiénes se verán favorecidos? En primer lugar los especuladores. En segundo lugar, porque Uruguay como resultado de la contracción interna provocada por la crisis, prácticamente no tiene producción industrial exportable, se verán favorecidos quienes puedan realizar acuerdos con el exterior de productos primarios. Exportaciones de carne, desmonetizadas luego de las imprevisiones que llevaron a la epidemia de aftosa y algunos otros rubros, también primarios, como la lana.
Lo demás, como decía el tango, es puro cuento. *
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