Argentina
LEOPOLDO AMONDARAIN
Hace tiempo que en la Argentina había vacío de poder de hecho. Lo que ha sucedido es el fin de un proceso anunciado que todos lo predecían. De la Rúa careció desde el inicio de un apoyo político real con un entorno mediocre y sin imaginación ni talento propio para gobernar un país en crisis. Eso lo fue llevando a sucesivas desfasajes económicos y por natural reflejo la correspondiente política, a cambiar ministros de Economía que desfilaron desde antes de Machiñena hasta después de López Murphi que vivió lo que un lirio después de que expuso sus ideas. La desesperación llegó a su cota mayor y terminó «entregándose» a Cavallo. El mismo que antes los ecuatorianos lo contrataron para que con su «varita mágica» salvara el Ecuador. La «salvación» fue la dolarización de su moneda y economía, entregándose a la rapiña y voracidad de los grandes bloques internacionales, al Fondo y demás organismos crediticios que en última instancia representan al imperio. Tan así, que hasta bases militares en ese país hermano instalaron los yankis. Perdieron su propia «esencia» nacional por los sabios consejos de Cavallo y por cierto que no salieron sino que se enterraron más económicamente.
Pero justo es consignar, que todo no empezó con De la Rúa. Tiene antigüedad. Comienza cuando Argentina privatiza en cadena. O sea, no sólo vende lo malo sino también lo bueno. No sólo entregan al capital extranjero las empresas públicas deficitarias sino las prósperas y rentables. Es discutible y hasta se puede defender con asidero la enajenación de aquellos organismos que dan pérdidas, entre otras razones por un elemental sentido práctico o utilitario. Pero ni al que «asó la manteca» se le ocurre vender a los extranjeros lo que da cuantiosas ganancias y asegura una real y beneficiosa fuente de trabajo. Algo, por cierto, similar a lo que se quiere hacer en nuestro Uruguay, vendiendo todo o parte de Antel, Ancel, Ancap y serruchando permanentemente al Banco de Seguros como aspira a seguir desmonopolizándolo ahora incluso con los Accidentes de Trabajo. En buen romance, nadie, salvo un «idiota» o un deshonesto, vende las «joyas de la abuela» quedándose sin nada una vez «gastada» la plata de las enajenaciones que dura muy poco tiempo. Eso fue lo que hicieron los gobiernos argentinos que se quedaron como Adán pero sin siquiera la triste hoja de parra… Lo penoso es que en estos lares orientales, no obstante el ejemplo, los doctores y tecnócratas, muchos de los cuales de nuestro «pelo», enamorados de Cavallo (De la Rúa no es el único) quieren hacer lo mismo, con el riesgo de terminar en forma similar. Hoy Argentina está prácticamente en cesación de pagos. Carece, no obstante sus riquezas naturales, de medios donde «rascar».
Su pueblo hambriento asalta almacenes y supermercados para mayoritariamente poder comer. A su staff político, con el presidente a la cabeza, sólo le quedó «disparar» ante la presión violenta de la gente.
Antes ya lo había hecho Alfonsín y entre medio de ellos, Menem, que al término de su mandato fue preso por ventas ilegales de armas y negociados monstruosos. Toda la clase política argentina se desprestigió y no es creíble. Algo que se viene perfilando en forma peligrosamente señalada en nuestro medio. Son «poconas» las figuras políticas renovadas y con imágenes de honestidad incuestionadas. Cierto es que la Argentina tocó fondo. El que no es anatemizado moralmente lo es intelectualmente, como el caso de De la Rúa, sin carácter, ideas ni principios. De estas situaciones límite, las salidas pueden ser muy peligrosas. A veces se encuentra el caudillo providencial, caso Perón, Getulio o actualmente Chávez en Venezuela, que mal no quieren muchos reconocerlo, enfrentó una situación similar a la Argentina. Con su pueblo en la calle en malón, hambriento, asaltando y asolando Caracas y demás urbes venezolanas.
No sólo «paró rodeo» sino que el mismo pueblo terminó apoyándolo con un 80% del electorado masivo. Podrá hoy tener altibajos, pues los gobiernos desgastan y los intereses oligárquicos e imperiales atacados reaccionan y serruchan en defensa de sus espurios intereses. Pero nadie puede negar que fue Chávez la antítesis de la incapacidad e irresolución de De la Rúa. Sírvanos esto como buen ejemplo. Argentina es una muy buena parte de América. Este, nuestro continente o patria grande, tan sufrida, cotizada por sus riquezas y asolada por los imperios y sus capitalismo apátridas internacionales llámense supermercadismos, inversores «desinteresados» que se quieren fagocitar nuestras telefonías, seguros o fuerzas energéticas. No obstante las sesudas y lógicas explicaciones de paniaguados y apátridas «doctores y tecnócratas», que por ambición, figuración y poder se venden como Fausto el alma a los yankis u organismos internacionales que es lo mismo. Hoy la Argentina es la víctima. Si se reencarnara Perón o surgiera un Chávez en una gran revolución nacionalista renovadora en lo moral y en las estructuras básicas políticas y económicas haciendo que sus riquezas naturales, que son cuantiosas, volviesen a la nación, deponiendo los intereses y la explotación del Fondo Monetario y todo su «entorno» imperial, no cabe dudas que resurgirán desde sus cenizas. Pésimo sería, que siguieran en manos de politicastros corrompidos vendidos a intereses foráneos que mintiendo quieren mantener sus privilegios y corrupciones. El pueblo argentino, lo hemos visto en las imágenes televisadas, no aguanta más. Los resultados de la politiquería podrían llegar a ser trágicos. Acá les cabe el lema de «honestidad y libertad o muerte». *
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