UN CONTRA-REGALO PARA PONER EN EL ARBOLITO DE "NABIDA"

No Tveo por la neblina

JORGE CROCE

 

Nos llegó, como un contra-regalo tardío del siglo XX (…cambalache…). O quizás, como una premonición, con ánimo de mostrarnos que para el XXI nada cambiará.

Quizá pase a un segundo plano en el fárrago de graves crisis internas, regionales y mundiales. Pero sería un grave error dejarlo pasar desapercibido. Es todo un mensaje. Algunos falderillos de turno quieren que los medios de comunicación sigan en poder del poder. Que no se sepa lo que ocurre. Y sobre todo que no se sepan sus verdaderos motivos. Y andan, al estilo de los bucaneros de siglos ha, con una tijera, como terminal de su brazo derecho.

Al grito de «A censurar, que se acaba el privilegio…».

El corte imprevisto pero no inexplicable, aunque sí lo sea, para el uso medio de razón y sentido común, de la transmisión de la entrega de «los Tabaré» por parte de Doyenart pone en evidencia, a través de su golpe totalitario, que la TV, como medio de expresión masiva, se intenta mantener flechada, sin dejar que los espectadores, pobres seres sin sentido ni capacidad de decisión ni de interpretación propias, puedan llegar a «contaminarse» con la pluralidad humana de concepciones, que conlleva la libérrima libertad de expresión.

¿Qué fue lo que produjo la censurable reacción de censurar?

Fue la del «atrevimiento» de haber llegado a considerar y atreverse a decir que dos equipos de patanes han agarrado el planeta para jugar su demencial partido final.

Porque esto es una crítica que, aunque verdadera, puede irritar a los queridos hermanos del norte.

Hay que afiliarse, sin remedio a la tesis del hermano Bush (h…).

«O conmigo, o contra mí. Sin otra opción posible. Amén».

Y en esa receta, hay sólo unos patanes: los que inventaron el terrorismo y lo empezaron a aplicar el 11 de setiembre, contra la pacífica e inocente potencia del norte. Hay un decreto ley de la USA (y abusa): «El terrorismo empezó el 11 de setiembre. Antes de esa fecha todos éramos hermanos fraternos y nada nos había separado. Amén».

Esa es la posición que ha adoptado, finalmente, luego de marchas que amagaron a ser positivas y contramarchas finales, nuestro gobierno. Necesitado de forzar (?) una sonrisa en su rostro, para que luego, siguiendo los pasos de Cavallo, tengamos que ir a «mangarlos». Fruto de que el camino que vamos recorriendo en lo económico, nos lleva inexorablemente a eso.

Como nunca, y corriendo con el peligro de que este grave acontecer haya quedado «tapado» por otros problemas coyunturales, quizás, no de mayor gravedad, aunque lo parezcan, debemos rechazar con fuerza y sin renuncias, el uso abusivo y flechado hacia la derecha detentadora del poder, que se quiere hacer de los medios de comunicación, propiedad legítima, si la hay, de la comunidad.

Debemos decir NO al totalitarismo interesado de los Doyenart, que hoy cortan un programa, y ayer expulsaron de «su» radio al locutor que se tomó la libertad de criticar al poder de turno.

Mientras no consigamos un uso debido de los medios de prensa, una distribución equitativa de la opinión, libérrimamente expresada, seguiremos presos de la desigualdad preelaborada y de la peor de las desgracias que es la falta de libertad.

En esta «Nabidá», algunos de los tristes contra-adornos del desleído arbolito tan tradicional, como los partidos «nuestros» (?), son:

– Las matanzas del terrorismo (empezando por el de Estado y siguiendo por el otro, igualmente condenables, pero sin rehuir el pensar en el encadenamiento de causas a efectos).

– Los cortes de transmisión para intentar acallar la evidencia de que, hay otros seres igualmente válidos y pensantes, que piensan de una manera distinta.

– Los que utilizan los pases en comisión de «asesores sobre contrabando».

– Las privatizaciones disfrazadas de mil maneras para disimularlas, incluidas las asociaciones, para entregar el rico patrimonio del Estado al bajo precio de la corrupción.

– La falsa ilusión de los «salvadores» que vuelven desde el fondo de la lata, después de haberla vaciado (Menem, o sus émulos nativos).

– Los defensores del «peor es nada», que renunciando a la utopía generadora de avances, se resignan, antes de luchar, con las miserias que les tira el poder de turno, porque es más fácil y produce algunos réditos inmediatos y con menor esfuerzo.

– La presencia, en homenajes a los desaparecidos, de cínicos representantes de cínicos gobiernos, que luego de haber digitado y supervisado el bajo vuelo de los cóndores sobre el destino de Latinoamérica, intentan «blanquear» sus sucias conciencias, apareciendo junto a familiares y amigos de las víctimas, «como en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches».

Todo ello edulcorado con las luces de colores de los medios de comunicación, vendidos al oro del poder de turno y al consumismo deshumanizado y degradante del «reality show».

Mientras no consigamos poner los medios de comunicación al servicio de la gente, y a salvo de los totalitarios que los manejan, con la benevolencia culpable de los que, en ejercicio de poderes políticos, se venden haciendo como que se los venden, seremos esclavos.

¡¡¡Viva la libertad de opinión y expresión, carajo!!!

Siguiendo al insigne revolucionario francés Voltaire, seguimos pensando que, podemos no concordar en una sola de las ideas del otro, pero defenderíamos, aun con riesgo de nuestra propia vida, su derecho a hacerlo. El fascismo en la prensa no pasará. *

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