La reforma impositiva
El peso del Estado y el aumento de los precios y tarifas de las empresas públicas, no es novedad para nadie, que se hace cada vez más insoportable para todo tipo de emprendimiento privado. Si estudiamos lo que se debe pagar en impuestos (DGI), por los insumos provenientes de las empresas del Estado, que además tienen también un alto componente impositivo, el BPS, los seguros obligatorios, las tasas municipales, etc. etc., comprendemos por qué los empresarios de este país reclaman un achicamiento del peso del Estado.
¿Cómo es posible que se siga cobrando aquí un IVA del 23 por ciento? La cifra de esa imposición indirecta es totalmente inadecuada para cualquier tipo de economía. ¿Qué empresa está capacitada para pagar un impuesto de esa magnitud? Además un impuesto que se va multiplicando en las distintas etapas de comercialización, terminando como un verdadero mazazo para el consumidor final.
A partir del lº de enero se modificará la forma de liquidación del Imesi que ya afecta a las naftas en un 50 %. Por esa razón, pese a que el peso del barril de petróleo bajó de 30 a 19 dólares, Ancap debe hacer operaciones y análisis de todo tipo para saber si esa situación que determinó una bonanza para muchas economías en el mundo, puede determinar también algún beneficio para los consumidores uruguayos. Por lo menos el mantenimiento de precio actual.
Casi seguramente en razón de la presión existente de parte de una población que está crecientemente indignada por la insensibilidad del gobierno el precio de los combustibles se mantendrá un tiempo más. Pero sepamos que la estrategia seguramente utilizada será la de no aumentar en el primer momento, para luego con pequeñas modificaciones, llegar al monto que tendrán que pagar los sufridos consumidores.
Ni hablar del precio del dinero. Los bancos están cobrando los máximos intereses permitidos de acuerdo a la ley de usura, los que pueden superar el 70 por ciento del precio máximo para estas transacciones fijadas por el Banco Central. Por supuesto estos intereses no tienen nada que ver con la economía real y son impagables para cualquier empresa. Veamos lo que está ocurriendo hoy con quienes han realizado inversiones en la zona de Punta del Este que luego de escuchar las afirmaciones del ministro del ramo, esperaban una buena temporada.
¿Es posible el funcionamiento de una economía en estas condiciones? Por supuesto que no. El cúmulo de imposiciones que deben pagarse por diversas actividades no tienen relación con las cada vez más pequeñas posibilidades de comercialización, además de ser un peso insoportable para la competitividad.
Hay quienes sostienen que la imposición es sobre las empresas y no sobre los empresarios, tema para analizar. El impuesto a la renta a las personas físicas es una imposición que tiende a una más justa distribución del ingreso, pero no debemos pensar que esta imposición se puede sumar graciosamente a todas las otras.
Obviamente se debe encarar tarea que seguramente quedará para el próximo gobierno una profunda reforma impositiva, permitiendo que las empresas se puedan desarrollar, producir a precios adecuados, exportar, mejorar su eficiencia y su competitividad.
Y, por una razón de justicia, aplicar una imposición moderna, adecuada y justa, que se distribuya en base a los ingresos de las personas físicas. *
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