Transparencia, eficiencia y economía

HECTOR ACOSTA GARCIA

 

Al inicio de su gestión, el presidente Batlle lanzó un fuerte mensaje por la transparencia en el funcionamiento del sector público y de la sociedad civil toda, cuando exigió a la banca oficial cristalinidad a la hora de la presentación de sus estados de cuenta, abandonando la práctica de la sobrevaluación e «inflado» de rubros.

En idéntico sentido, también el señor ministro de Economía afirmó al asumir sus funciones, estar tomando un compromiso muy fuerte en materia de transparencia de la información, que juzgó «va a ser la unidad de medida para que la opinión pública juzgue el cumplimiento del programa» y que «nos obliga a ser más eficaces en el cumplimiento de nuestras funciones».

Apuntando en esa dirección tal vez, decidió estimular a comienzos del presente año, a un grupo selecto de funcionarios con «una compensación adicional a su sueldo, debido al desempeño de tareas prioritarias para el cumplimiento de cometidos sustantivos del Inciso y el alto grado de especialización y dedicación».

No obstante, hasta el momento, los resultados no se condicen con la preocupación del ministro. Más bien, por el contrario, la falta de transparencia y los gruesos errores cometidos en el manejo y suministro de cifras y datos inexactos, han pasado a constituirse en una constante preocupante.

En el Presupuesto Quinquenal tratado por el Parlamento el pasado año, por ejemplo, se verificaron desprolijidades, errores y hasta la presentación fuera de plazo de una fe de erratas.

Fue tal la magnitud de las irregularidades que, según trascendidos, el propio ministro y legisladores de la oposición debieron revisar, uno por uno los artículos del Proyecto de Ley, luego de su aprobación en el Senado.

En junio pasado, asistimos a una polémica acerca de las deudas del gobierno con las intendencias del Interior. Mientras el contador Bensión afirmaba estar al día con las mismas, éstas insistían en una deuda de U$S 5 millones, además de otros U$S 30 millones ya votados por el Parlamento y no vertidos en forma.

«Â¡¿Quién le está haciendo los números al señor ministro?!», exclamó en la oportunidad el socio mayor de la coalición de gobierno y ex presidente de la República.

El incidente se dio por superado al admitir el ministro un «error en la información» transmitida por el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

También se manejaron cifras contradictorias sobre la deuda por subsidio forestal. Mientras el gobierno sostenía que la misma era de U$S 7 millones, surgía de una nota de la Dirección General Forestal que, al 31.12.2000, lo adeudado se situaba en U$S 26,5 millones.

La Rendición de Cuentas del año 2000 a su vez, fue devuelta en primera instancia por la Cámara de Representantes al constatarse errores numéricos «en todos los planillados», que hacían «imposible asumir la responsabilidad de que se corrigieran en el Parlamento».

Son asimismo reiteradas las denuncias de incumplimientos y atrasos en la remisión de las partidas presupuestales votadas para diversos organismos, que dificultan en importante medida el funcionamiento de los mismos, en especial en su relación con los proveedores.

A poco más de tres meses de puesto en funcionamiento, el ministro señala «errores en la evolución proyectada del Cofis» y promueve su derogación en el marco de un Proyecto de unificación de las tasas del IVA.

A la vez que acusa «dificultades en la instrumentación» del IRP sobre los sueldos de los funcionarios públicos superiores a 29 Salarios Mínimos, debe reconocer que su incapacidad en controlar la evasión tributaria, hace que ésta haya trepado hoy a la friolera de casi U$S 700 millones anuales, equivalentes al 3,5% del PBI, constituyéndose en la razón fundamental del déficit fiscal.

A estos hechos preocupantes, se agrega la incapacidad del Ministerio para dar respuesta a los Pedidos de Informes que le son formulados desde el ámbito parlamentario. Sólo desde el sector de Diputados, le han sido elevados 130 cuestionarios, de los que apenas ha contestado 68, poco más de la mitad.

Pero si algo faltaba para completar este cuadro de desprolijidades e ineficiencias, tenemos ahora que la soberbia del ministro lo lleva a «ocultar información» a la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Representantes, según denunciara el diputado José Mahía.

En efecto, habiendo sido citado para aclarar los criterios técnicos con que fueron elaborados los informes de la Auditoría Interna de la Nación acerca del Codicen –que contradicen las declaraciones de este organismo– el contador Bensión señaló que «no iba a informar» porque «no consideraba pertinente la solicitud de la comisión parlamentaria».

Como puede apreciarse, la distancia entre el discurso oficial y las actitudes, entre las propuestas y las realidades, en el caso del Ministerio de Economía y Finanzas se encuentran en posiciones francamente opuestas.

Al extremo de que han merecido el comentario del socio más importante del gobierno del doctor Batlle que «al Presidente el equipo no le responde».

En estos tiempos de reclamo de eficiencia y transparencia en la gestión estatal, tal vez fuera procedente dar una «revisadita» en el funcionamiento del Ministerio de Economía, por aquello de «ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio». *

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