El prudente escarmienta en cabeza ajena

CARLOS BOUZAS

 

El título corresponde a una fábula que leí en los libros de la escuela. Se trataba de un zorro astuto que concurría todas las mañanas a preguntar por la salud del león, que reposaba, presuntamente enfermo, dentro de su cueva. Pero nunca aceptaba la invitación a entrar, que le efectuaba un papagayo, creo. La razón estaba en que el zorro había observado muchas huellas de distintos animales que entraron en la cueva, pero no se apreciaba ninguna de alguno que hubiese salido de ella.

Usted ha notado la indignación y los alertas que han lanzado, tanto los máximos dirigentes políticos colorados y blancos, como los más sesudos directores y no tanto de distinguidas publicaciones de todo el país, a propósito de la resolución del Frente Amplio, de no acompañar –aceptándole que realizara, incluso, algunas modificaciones– la ley que autoriza la asociación de Ancap con empresas privadas. La conclusión unánime de todos esos analistas, ha sido que se debe desconfiar de la capacidad para gobernar, de una fuerza política que no la tiene para asumir desafíos, prefiriendo la comodidad de pagar tributo a los «radicales» y funcionando como furgón de cola del Sindicato de los trabajadores del Ente Público.

Yo me pregunté: ¿Será así? Y llegué a una conclusión totalmente diferente, cuando recordé la fábula del principio.

Y como para muestra basta un botón, quiero recordarle que ya existe un Ente Autónomo al que se le autorizó una asociación con capitales privados, con una serie de condiciones como, por ejemplo, la de tener mucho cuidado de que el capital mayoritario fuese nacional y que cada cambio de accionista privado fuera monitoreado y autorizado (o no) por el Poder Ejecutivo. El objetivo del gobierno de la época, era cerrar la sangría del déficit que sufría Pluna y que se estaba cubriendo con dinero del tesoro nacional. Todo el mundo –del Presidente de la República para abajo– juró y perjuró que no se trataba de una privatización.

Hoy, a ocho años de aquella operación, han cambiado los accionistas sin consultar con nadie, y Pluna ha perdido más dinero que antes — que sigue cubriendo el tesoro nacional– por los abusos a que fue sometida por Varig. La solución que postulan ahora –sin ningún apoyo legal– es la de privatizar lisa y llanamente.

Conviene recordar también lo que nos decían de Antel en 1992, cuando evitamos su privatización en un plebiscito. Que era una empresa demodée, que estaba condenada a desaparecer ante el avance impetuoso de las nuevas tecnologías. Y de pronto, como por arte de magia, se transformó en una empresa líder en el sector, más allá de fronteras, incluso.

Cuando el FA analizó esta nueva propuesta, recordó los antecedentes que existen. Y llegó a la conclusión de que el propósito final es privatizar derechamente todas las empresas estratégicas que hoy son propiedad del Estado, aunque no se animan a confesarlo porque saben que van a contrapelo de la opinión de la gente que –mirando al otro lado del Río Grande como Mar– observa con dolor la situación que atraviesan los hermanos argentinos, aunque tiene claro cuáles fueron los polvos que les trajeron los actuales lodos.

La discusión fue amplia. Hubo opiniones diversas, como ocurre cada vez que una fuerza política discute de manera abierta y democrática un asunto. Y al cabo de la discusión hubo una resolución que es válida para todos. Por suerte, integro una fuerza política que me permite opinar y pesar en la toma de posición de asuntos trascendentes, además de aplaudir a mis dirigentes. ¡Ojalá todos mis compatriotas, militantes de otros partidos, tuvieran la misma suerte que yo!

Y si tiene usted dudas de lo que le estoy diciendo, aguarde al proyecto de asociación de Ancap que presentarán nuestros diputados, con el objeto de potenciarla, aunque sin entregarla.

En ese camino, feliz Navidad. *

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