VOTARIAN CON "LEY DE LEMAS"

Vicisitudes de la transición argentina

Tres reflexiones sobre la marcha de una situación todavía muy fluida.

1. A diferencia de los graves atentado del 11 de setiembre, el otro acontecimiento golpeante de los últimos meses, la pueblada y la crisis política argentina tienen una tremenda trasparencia, brindan una enorme masa de información y han generado en ese país un número importante de análisis políticos y periodísticos que resultan difíciles de sintetizar.

2. Tampoco es fácil pronosticar el curso de una situación tan novedosa y plagada de acechanzas como la que atraviesa la Argentina. Sólo algunos «sabelotodo» del Partido Colorado sienten y dicen que lo de Argentina «vino a confirmar las correctas previsiones de su partido» y demuestran con razonables argumentos, cómo de la «A» a la «Z», la responsabilidad de los conflictos y desencuentros argentinos la tiene… Tabaré Vázquez y el Encuentro Progresista.

El carácter un poco «fascistoide» de este tipo de prédica política, poco tiene que ver con una análisis inteligente e ilustrativo de la crisis política y económica argentina y está destinado a colocarse en la cabecera de las falanges antiprogresistas en vistas a la segunda vuelta del balotaje.

Tanto el precandidato como sus cuzcos hacen flechas de todas las maderas y, en los márgenes habitualmente permisivos dentro de los que se libra la lucha político-electoral en Uruguay, no habría nada que reprocharle al oportunismo conservador reinante en el partido de gobierno.

3. Los dirigentes políticos y la prensa argentina le han estado llamando «ley de lemas» al método electoral uruguayo según el cual el elector elige a vez un partido y a una fracción o candidatura dentro del partido.

En realidad, llamarle «doble voto simultáneo» sería más preciso, pero a esta altura ya todo el mundo entiende de qué se trata.

Para el Justicialismo, la fuerza política que según todos los pronósticos se alzaría con la mayoría, se trata de asegurarse la Presidencia de la República, a la vez dirimir los contenciosos internos entre los distintos factores de poder, situados, básicamente, en manos de los gobernadores provinciales.

El los debates parlamentarios que se desarrollan febrilmente para adoptar una salida, se ha hablado repetidamente del problema de la legitimidad o de la falta de legitimidad que tendría el gobierno de un candidato que hubiera obtenido un porcentaje reducido de votos y hubiera alcanzado la mayoría por los aportes de los votos de otros postulantes de su mismo partido.

Todos sabemos que esa fue la realidad de la legislación electoral en Uruguay durante decenios.

Efectivamente ocurrió que hubo presidentes, y no sólo Bordaberry, que alcanzaron la primera magistratura con poco más del 20 % de los sufragios nacionales. Durante mucho tiempo las fuerzas de izquierda criticaron el mecanismo que servía para perpetuar las mayorías electorales de blancos y colorados.

Un porcentaje minoritario, no obstante, no los privaba de legitimidad, en la medida que no sólo tenían el respaldo y el consenso mayoritario de los electores tradicionales, sino que al menos durante un tiempo, funcionaban los mecanismos partidarios de conducción, había lineamientos programáticos semejantes y en el Parlamento se alcanzaban las mayorías necesarias para aplicarlos.

De todos modos la crisis argentina parece demasiado grave para resolverse apenas con artilugios de legislación electoral.

Sin planes, sin consensos amplios, sin la voluntad de romper con las prácticas viciosas de la politiquería que llevaron al naufragio al gobierno de De la Rúa los caminos parecen no conducir a ningún lugar. Sin cambios de fondo en las políticas económicas, tampoco. *

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