El vano intento de justificar un atropello
A medida que pasan los días, el protagonista del grosero atentado a la libertad de expresión –lejos de aplomarse y de mostrar coherencia– se enreda en vaguedades y en imposibles justificaciones. Con el paso del tiempo, queda en evidencia la intolerancia del catón y la arbitrariedad de la medida adoptada.
Tanto en su explicación ante la Comisión de Educación y Cultura de Diputados, cuanto en la entrevista concedida al semanario Búsqueda, el ingeniero Doyenart intenta vanamente explicar lo inexplicable. Básicamente, justifica su ataque aduciendo el supuesto incumplimiento de un supuesto acuerdo. Pero lo que Doyenart es incapaz de precisar es en qué consistió el pacto y en qué consistió la violación del mismo.
Aparentemente, Fasano se habría excedido en el lapso estipulado para su alocución, que estaba prevista para durar cinco minutos, y esa sería la violación a lo supuestamente pactado: el director de LA REPUBLICA fue censurado porque su discurso se extendió más allá del tiempo acordado; porque de otro acuerdo o pacto sobre el contenido del discurso, el ingeniero no habla.
Sin embargo, en la entrevista vuelve a esgrimir el argumento del discurso político. Por lo menos ahora no lo califica de «político-partidario» (un disparate sólo atribuible a la ofuscación del momento) sino de «político-ideológico».
Defiende su afirmación de que EEUU es un país amigo (como para justificar el corte de la emisión), pero para mayor confusión, llega a sostener: «Yo no retiré el canal de la transmisión por el hecho de que hablara mal de los Estados Unidos».
En fin, todo un lamentable galimatías reñido con la lógica más elemental. *
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