EL DOLAR POR DEBAJO DE LA BANDA DE FLOTACION

Los sueños de un ministro conservador

El proceso de deflación (o destrucción de riqueza) que está viviendo nuestro país ya está alcanzando ribetes espectaculares, pese a que desde el gobierno se sigan entonando cantos de sirena con el fin de intentar que los que vivimos en este país creamos como posible un crecimiento del 2 por ciento para el año que se inicia.

Un hecho saliente es que en las últimas jornadas el Banco de la República ha debido a salir a comprar dólares en una plaza totalmente deflacionada, en que la divisa norteamericana había caído por debajo del piso de la banda de flotación. Las explicaciones oficiales son que las empresas han tenido que vender dólares para hacerse de pesos ante el pago del medio aguinaldo.

Sin embargo otros analistas sostienen que el proceso es simplemente otro resultante de la sobreoferta de dólares existente en el país y de la tendencia de la gente –en razón del fin de año– de realizar compras de otros bienes y no pasarse a la divisa norteamericana.

Obviamente, pese al fenómeno no habitual que significa la caída del dólar por debajo de la banda de flotación, este proceso está mostrando la fluidez de divisas que tiene la banca que contrasta con la paupérrima situación de empresarios de varias ramas y, por supuesto, de los trabajadores, reducidos en su mayoría a sueldos de subsistencia (recordemos que hay más de 600 mil uruguayos con problemas de empleo y más de 200 mil en desocupación abierta). O sea que el 50 por ciento de la Población Económicamente Activa sufre las consecuencias de este modelo que tiende a acumular la riqueza en el sistema financiero y, como contrapartida, realiza una política destinada a destruir riqueza.

No creemos, por razones estacionales, que el mes de diciembre se compute con deflación, o sea con destrucción de riqueza. Las compras de fin de año, obviamente, pese a la no muy importante capacidad económica de la gente que espera el medio aguinaldo para completar pagos e intentar pasar un fin de año con menores apreturas, se expresará en fenómeno de empate monetario. El dólar se mantendrá estable, habrá una inflación muy baja y todo seguirá igual.

Enero será obviamente un hito distinto. A la caída del flujo turístico, proceso que ya se está comenzando a concretar en el país, situación que está determinando una masiva oferta de locaciones con una reducción de precios importante, se sumará el achicamiento de la actividad que se produce en las vacaciones y, además, estarán los bolsillos vacíos de mucha gente que luego de fin de año quedará en una situación, por lo menos, menesterosa.

Será un mes largo, sin actividad, en que las deficiencias del proceso económico impuesto por los neoliberales, mostrará su peor cara. Una especie de país cerrado, próximo a una latencia productiva, donde se multiplicará el desaliento, la marginación y la pobreza.

Quizás el dólar se estabilice dentro de los límites de la banda de flotación sin que, de nuevo, tenga que intervenir en la plaza el Banco de la República.

Mientras tanto los problemas del país –como está ocurriendo desde hace ya casi cuatro años– seguirán siendo los mismos. Por un lado el crecimiento de la pobreza y la marginación y, por el otro, el gobierno esperando que de forma mágica la «macroeconomía» sea favorable al país.

Como anécdota también estará el ministro Bensión, sin el más mínimo fundamento técnico, anunciando posibles crecimientos del país, haciendo anuncios que no entusiasman a nadie. Es un ministro conservador hasta para soñar.

Hace bien, pues de lo contrario alguien le podría creer. *

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