La prostitución de los medios

NIKO SCHVARZ

 

Las cadenas de TV le baten el parche al presunto video en el cual Bin Laden dice exactamente lo que a Bush le conviene que diga, tras ponerse ingenuamente a tiro de un filmador con su cámara oculto entre las sombras.

No sería éste el primer video trucho, ni el primer caso de falsificación de cabo a rabo de un documento propagandístico.

En su libro «La tiranía de la comunicación» Ignacio Ramonet describe con pelos y señales cómo se fraguó el gigantesco infundio de «la carnicería de Timisoara» en ocasión de la caída de Ceasescu, en una maniobra combinada de los canales televisivos luego amplificada por los medios escritos y radiales, que se iban retroalimentando unos otros, exactamente igual que ahora.

Era todo mentira, la filmación correspondía a episodios de exhumación de cadáveres anteriores en varios años. Otro ejemplo: entre los actos de genocidio perpetrados por los yankis y compañía en Kosovo presentados como «errores» o inevitables «daños colaterales» que impactaron la embajada china, así como hospitales, centros de la Cruz Roja, escuelas y mezquitas (como ahora en Afganistán), se destaca el bombardeo aéreo a un tren de pasajeros al momento de abordar un puente que provocó numerosas víctimas.

Pudo demostrarse que se manipuló la filmación modificando la velocidad a que se desplazaban el avión y el ferrocarril, con el objeto de presentar como un accidente lo que fue un ataque premeditado contra civiles. La moderna tecnología permite hacer esto y mucho más.

Lo que importa destacar, en el caso actual, es que los medios de comunicación de masas se transformaron en meros repetidores, papagayos amaestrados, de las directivas (o «briefings») impartidos por el Pentágono y la CIA.

Esta es la estricta realidad. Después del 11 de setiembre el tema fue discutido por la dirección de los medios resolviéndose (por patriotismo y razones de Estado, según se alegó) difundir exclusivamente lo que indicaban las agencias del gobierno.

Nada más ni nada menos. Periodistas norteamericanos de primer nivel plantearon la cuestión en esos términos en la reunión de la SIP que por aquellos días se realizó en Washington.

Esto marcó una retrogradación quizá irreversible en una prensa que en diversos casos supo preservar celosamente su independencia y con ello, una de las libertades esenciales consagradas en la Constitución norteamericana.

Esta auténtica prostitución se suma a la instauración por parte del gobierno de Bush de los tribunales militares, la pérdida de habeas corpus y de la privacidad de la correspondencia y de las comunicaciones, la violación de domicilio, etc. cuanto se oye, se mira y se lee a través de dichos medios no es otra cosa que la versión del Pentágono y de la CIA, cuya relación con la realidad puede ser tan lejana como inexistente.

Hay otro medios de deformar la verdad a través de los medios, que describiremos con un ejemplo reciente.

La CNN anunció que se proponá «poner en perspectiva» recientes acontecimientos en Oriente Medio, marcadas por las masacres de los palestinos y por la reocupación y destrucción de sus territorios a sangre y fuego, por parte del ejército israelí.

Con tal fin el informativista (que no era nuestro compatriota Jorge Gestoso, casi desaparecido) reporteó a un catedrático de Buenos Aires versado en los problemas de la región.

El diálogo entablado brindó un ejemplo antológico de un interrogatorio en el cual con malas artes se procura inducir las respuestas en determinada dirección.

En este caso, la de arrojar toda la responsabilidad sobre Arafat, y dicutir en ese terreno cuál sería el futuro de éste.

Pero el informativista se encontró con la horma del zapato. El entrevistado explicó que el problema de fondo consistía en que Israel estaba reocupando los territorios palestinos; que en Cisjordania y Gaza se seguían instalando los asentamientos judíos; que mientras los gobiernos laboristas negociaban, Sharon proclamó que no se entrevistaría jamás con Arafat y lo desconocía, confiando exclusivamente en una solución militar, que Sharon estuvo contra los acuerdos de Oslo de 1993 y que incluso había prohibido al canciller Shimon Peres reunirse con el líder palestino.

Una y otra vez el informativista procuró meter al entrevistado en su corral de ramas, contrariando las normas de un periodismo decente.

El tiro le salió por la culata. El profesor recordó que, cuando un fanático israelí de ultraderecha asesinó en Tel Aviv al primer ministro Itzaj Rabin, nadie reclamó desmantelar las organizaciones terroristas judías a que aquél pertenecía.

Cuando el entrevistador dijo al fin con acritud que volvería a convocar a su entrevistado, me recordó las peloteras escolares en que se «cortaba para la salida».

También se miente por omisión. Esos días (seguimos con el Medio Oriente y la CNN) el Consejo de Seguridad votó una resolución por el cese de la violencia en la región, condenando los atentados contra los civiles y abogando por la creación de una fuerza de interposición de Naciones Unidas.

De esto la CNN no dijo casi nada. El hecho es que hubo 12 votos a favor y 2 abstenciones (Gran Bretaña y Noruega), pero EEUU vetó, y todo quedó en agua de borrajas. (Ya antes EEUU había vetado una propuesta sobre la fuerza de paz presentada por los 3/5 del Consejo).

Claro está, otra forma de impedir que la verdad se conozca o que determinadas opiniones se difundan, consiste en cortar la transmisión a pura prepotencia. Pero eso es harina de otro costal. *

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