Reflexiones "aplomadas"
MARIO CAYOTA
Hace ya unos días la Comisión Investigadora sobre la contaminación por plomo, creada a esos efectos por la Junta Departamental de Montevideo, culminó su labor, la cual se extendió a ritmo de trabajo intenso durante siete meses.
Nosotros, lo reiteramos, queremos mirar el tema desde otra perspectiva. Es más, sin quitarle importancia a los hechos puntuales, queremos reflexionar sobre la globalidad del problema, adentrarnos en su médula. Para lograrlo, debemos evadirnos del «mar de zargazos» que, queriendo o sin querer, nos han tendido la mayoría de los medios de comunicación, que en los últimos tiempos sólo han difundido como temática central de este problema, la posibilidad o no de renuncia de un, para nosotros, apreciable y competente jerarca municipal, queriendo convertir la marimorena que ello suscitara, en el máximo interés de la audiencia en torno al tema.
Recordando al filósofo español que enseñaba que «a la verdad se llega a través de una suma de perspectivas», queremos abordar el problema desde otro ángulo. Y esta mirada diferente, es la que nos permite descubrir que la contaminación por plomo, no sólo existe –y mucho más de lo que el imaginario colectivo cree–, sino que requiere del esfuerzo concertado de todos para combatirla.
Para que el combate al que aludíamos precedentemente sea fructífero, el informe de la mayoría de los miembros de la Comisión Investigadora, también aprobado por mayoría en la Junta Departamental, planteó 14 medidas a tomar. Entre ellas, estaba la de reestructurar el «Grupo de Trabajo Interinstitucional» –que hoy coordina las acciones contra el saturnismo–, dotándolo de recursos humanos y financieros de los que actualmente carece. Lamentablemente, esta propuesta ha pasado hasta el presente inadvertida a nivel de los medios de comunicación tradicionales.
También entre las muchas medidas a adoptar, se aludía de modo concreto a las variadas formas de contaminación que provocan el saturnismo –tales como el tetraetilo de plomo en los combustibles o las cañerías de plomo que sirvan a la red de las aguas que se consideran potables–, proponiendo medidas concretas para combatirlas.
Asimismo se enfatizaba en la necesidad de elaborar un «Código del Medio Ambiente», teniéndose presente que desde la creación del Ministerio, que es a quien la ley le asigna las máximas responsabilidades en la materia, dicho Código se encuentra pendiente de redacción.
Conjuntamente con estas y otras iniciativas propositivas, se advertía sobre las consecuencias que entre los sectores carenciados y marginados de la población, generaba el deterioro ambiental, enfatizándose que eran los pobres quienes más sufrían esta agresión, sugiriéndose acciones tendientes por lo menos a paliar esta situación.
En relación a todas estas propuestas se ha cursado a los organismos responsables sendas comunicaciones. Se espera que se lean… y se analicen.
Claro que en medio de la vocinglería suscitada en torno al tema, es difícil escuchar una voz que promueva resoluciones de carácter propositivo que busquen superar el grave problema del saturnismo. Este, como otras preocupantes agresiones al Medio Ambiente, está instalado entre nosotros y no lo erradicaremos si no encaramos políticas de Estado que lo combatan. Por cierto que nos lo lograremos si nuestras energías se emplean en arremeter los unos contra los otros y no, en forma concertada, elaborar y ejecutar políticas ambientales eficaces, que no sólo deben de involucrar a los organismos públicos sino a los movimientos ambientales y a los habitantes todos del país.
Haciendo a un lado la pirotecnia de los recíprocos reproches, instituyamos ámbitos de diálogo que a través de una discusión y estudio «aplomado», aborden el problema en forma constructiva. A los medios de comunicación les corresponde, en buena medida, contribuir a que se cree un clima propicio para ello. Sería trágico que por espíritu de lucro no se hiciera… *
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