Los sofismas de la actualización política colorada
Empezó a funcionar el Seminario de actualización política del Partido Colorado. Los encargados de abrir el fuego en la reconversión ideológica fueron el senador Yamandú Fau y el diputado Washington Abdala, dos de los más calificados integrantes del cuerpo de elite del ejército sanguinettista.
A principios de noviembre nos ocupamos de las primeras declaraciones del vicepresidente de la República, profesor Luis Hierro López, referidas al tema de la actualización ideológica de su partido. Señalábamos entonces la sorpresa que causaba el peculiar punto de vista que sobre la historia de los últimos cuarenta años exhibían los ideólogos colorados. Apuntábamos que de acuerdo con esa óptica, la figura de Jorge Pacheco se vestía con ropajes apropiados para tergiversar la realidad histórica y presentar al ex primer mandatario como una víctima de la sedición, contra la cual había combatido con firmeza e, inevitablemente, había cometido algún «desborde».
Pues bien, otro profesor –el senador Fau– se lanza con brío en el mismo camino trazado por su colega y correligionario Hierro. En el seminario recientemente inaugurado, este prolijo lugarteniente forista afirma, muy suelto de cuerpo, que al asumir Gestido el país vivía en paz, los partidos actuaban libremente, los sindicatos tenían asegurados todos sus derechos, y los medios de prensa circulaban sin cortapisas, por lo que resulta inexplicable la aparición de expresiones violentistas. Ignora olímpicamente que ya desde comienzo de los sesenta la situación del país había empezado a deteriorarse y se asistía a una eclosión de conflictos sociales y sindicales a la vez que se endurecía la represión policial; también soslaya la acción de grupos armados de extrema derecha, responsables de atentados personales de corte fascista y del intento de asalto a la Universidad.
Es alarmante que un profesor transmita una visión tan distorsionada de la historia. Pero lo que más sorprende en el profesor Fau es su comentario sobre el pachequismo. Reconoció que ese gobierno adoptó medidas polémicas «y en algunos casos, muy polémicas» que merecieron críticas incluso desde el propio Partido Colorado, pero se apresuró a recalcar que Pacheco aseguró la realización de las elecciones de 1971. Un maquillaje perfecto según el cual el desborde constitucional del ex presidente y el desconocimiento contumaz del Parlamento se convierten en «medidas en algunos casos muy polémicas». ¡Qué frágil memoria, la del senador forista! Ha olvidado por completo que por aquellos años él integraba el grupo liderado nada menos que por Zelmar Michelini, uno de los más férreos opositores al gobierno de Pacheco y uno de los fundadores del Frente Amplio. No recuerda que esas elecciones, cuya realización el gobierno de Pacheco «aseguró», se llevaron a cabo en un clima enrarecido por el terrorismo de estado y por los atentados de grupos de derecha como la JUP. Olvida también que un 12 de diciembre como hoy pero de 1967, pocos días después de asumir la Presidencia como consecuencia de la muerte de Gestido, Pacheco Areco dictó el primer decreto liberticida de su gestión: clausuró en forma definitiva el diario Epoca y el semanario El Sol (órgano del Partido Socialista) e ilegalizó sine die algunas organizaciones políticas, entre las que destacan el Partido Socialista y la Federación Anarquista Uruguaya.
Y la frutilla de la torta es la afirmación de que durante la dictadura, el Partido Colorado fue la «fuerza más opositora», porque el Frente Amplio vio con buenos ojos los comunicados cuatro y siete…
Como se advierte, un ejemplo insuperable de razonamiento sofístico para tergiversar la historia de modo tan grosero.
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