La irrealidad del FMI
La irrealidad con que los funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) analizan la situación argentina sirve como dato fundamental para comenzar a analizar la crisis de ese país que se encuentra metido ya en un proceso de cesación de pagos, mitigado en algún sentido por el alargamiento de los plazos y reducción de intereses de los certificados en poder de argentinos.
¿Por qué hablamos de irrealidad? Simplemente porque varios órganos de prensa sostienen que una de las dudas del FMI es si Argentina podrá cumplir con sus metas fiscales. Cavallo –muy rápido para engatusar a esos funcionarios– tiró nuevamente la pelota para adelante, comprometiéndose a suspender o eliminar exenciones o estímulos fiscales de entre 7 mil a 8 mil millones de dólares. Estos estímulos habían sido implantados para impulsar al consumo y tenían su efecto sobre el mismo por varias vías.
O sea, que se dará otro paso a favor de la miseria de los argentinos que deberán pagar precios distintos (más altos) por los productos directa o indirectamente favorecidos por esas exenciones que ahora desaparecen. Sin embargo, lo preocupante es que los técnicos del FMI tengan todavía dudas sobre el futuro del país hermano. Es bien claro que, por más que finalmente resuelvan enviar los 1.300 millones de dólares para que Argentina pague, deberá pagar estos vencimientos antes de fin de año, por lo que el camino rápidamente se irá cerrando. Con el nuevo «paquete» semanal que desató Cavallo, que incluye esa suspensión de las exenciones que impulsaban al consumo, de nuevo caerá la recaudación fiscal, aumentando el déficit que impedirá también futuros pagos. Se seguirá alargando la agonía de un pueblo, de una gente trabajadora, que supo construir un país como la Argentina, sin duda un vergel de riqueza, que dejó de funcionar por obra y gracia de esa misma irrealidad que el FMI impulsó.
Mientras tanto De la Rúa y Cavallo seguirán llevando adelante su programa de ajuste que prioriza el pago de los intereses de la deuda sobre el desarrollo. A los uruguayos ello no nos tiene que sorprender, porque es la misma política que se aplica en este lado del Río de la Plata, sin que importen las calamidades que vive la gente, viviendo con sueldos y jubilaciones congeladas.
Pero lo más trágico es que esa política que ya ha marginado a casi el 50 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), en razón de la falta de trabajo (más del 15 % de desocupación), a lo que se le debe sumar las 600 mil personas que tienen problemas de empleo, en un proceso degradante del trabajo que se expande rápidamente a más y más sectores.
Otro aspecto que muestra la irrealidad de esos funcionarios internacionales es la información de que el FMI obliga al Ejecutivo argentino a lograr un amplio acuerdo político con la oposición peronista, que controla 14 de las 23 provincias argentinas y ambas cámaras del Congreso, antes de enviar al Parlamento un proyecto de Presupuesto para 2002 con recortes en el gasto por más de 4.000 millones de dólares. Ese nuevo presupuesto debe ser acompañado además por la discusión de una nueva ley de coparticipación de impuestos entre el gobierno central y las provincias y una profunda reforma tributaria.
Quien conozca un poco el proceso político que se está dando en la Argentina, donde sectores del peronismo están proponiendo hoy sí y mañana también que el presidente De la Rúa reduzca su mandato, sabe que esa «obligación» de acuerdo es solamente una expresión de deseos. ¿Alguien puede llegar a un acuerdo político para que se siga aplicando en la Argentina el modelo del FMI, que seguirá empobreciendo y marginando a la gente?
No entiende el FMI que esa misión encomendada al gobierno argentino es imposible, mientras el fin del modelo no sea el desarrollo. Buscar un acuerdo político para seguir hambreando al pueblo con el objetivo de que se cumpla con los acreedores no nos parece posible. Por supuesto que en el fondo de todo ese planteo existe subyacente el criterio de que las formalidades institucionales se deben mantener mientras sea posible.
Mientras tanto el peronismo, atomizado a su vez entre los gobernadores de las provincias más ricas (Buenos Aires, Córdoba), el frente compuesto por las provincias menos desarrolladas (Salta, Tierra del Fuego), la conducción del partido en manos del ex presidente Menem, el Congreso partidario bajo control del ex gobernador Eduardo Duhalde y los jefes de grupo parlamentario que responden a unos y a otros, se ha unido para resistir «un nuevo y brutal ajuste» que va a suponer otra rebaja de salarios, más despidos de empleados públicos y la eliminación de subsidios regionales.
Por eso hablamos de irrealidades. *
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