Uruguay, "de nuevo estás de vuelta, después de larga ausencia"
OSCAR MAÃANA
Estamos nuevamente en un Mundial. Ya era tiempo… ¿no? Aunque no sea tiempo de balances y sí de disfrute, es bueno que tomemos una ducha de humildad para proyectarnos al futuro.
Cierto… clasificamos como el último orejón del tarro, pero vale igual y ojalá que podamos capitalizar aprendizajes necesarios para avanzar, si es que esperamos llegar a un sitial de privilegio en el magno evento mundial.
Creo que pudimos constatar que estamos lejos de los que podríamos tildar equipos fuertes futbolísticamente hablando, no quiero abundar en detalles que son a todas luces obvios. A su vez, hay algunos mitos que se han desmoronado, por ejemplo «la garra charrúa» y los sueños del «dream team», entre otros. A propósito de estos mitos, digamos que parece claro que muchos de los equipos que antes nos respetaban y esbozaban una temerosa timidez al enfrentarnos (y máxime en el Centenario) ya no sólo no nos temen sino que nos superan en muchos aspectos. Los jugadores que hemos logrado redescubrir o convertir en baluartes insustituibles no son tantos y merecen un párrafo aparte.
Quizás la dotación más rescatable que nos queda luego de un proceso largo, desgastante y exitoso a la vez, como fueron las eliminatorias, es el afianzamiento de algunos jugadores. Sabemos que tenemos un golero que dejó de ser una promesa y hoy es uno de los mejores en su puesto: Carini. Eso sí, sólo tenemos uno, no hay un recambio comparable ni mucho menos y creo que en esto hay que probar, buscarlo fuera (tal vez) o trabajar a uno o dos con esas miras. Un defensa central, Montero, también envidiable quizás por muchas otras selecciones, y alternativamente otros que podrían, con mucho trabajo de por medio, alternar en la línea final. Tenemos un par de mediocampistas, perdonen la terminología poco aggiornada, como lo son García y Guigou, de muy buen nivel, con mucha marca, despliegue incansable, y técnica nada despreciable que podrían aportar a la salida prolija e incluso a la llegada contundente. Un creador –al decir de los comentaristas profesionales– como Recoba, quizás el más irregular en la línea de los que resaltan, pero que se viene afirmando a la luz de las últimas fechas. Todavía este jugador, más allá de lo que sabe y es capaz, necesita una dirección férrea por parte de un orientador técnico que lo apoye en la creatividad pero que lo discipline en la lógica del sentido común. Parece ser que en cuanto a los punteros, como decían los viejos, hay un par de muy destacables condiciones: Silva y Regueiro. Silva, uno de los que antes se tildaban de «guapo», «pícaro», sin duda encarador y ganador en pelotas divididas, es una carta de triunfo. Regueiro, por su parte, es hábil y veloz, desborda y puede convertirse en otra figura sellada.
De lo anterior se desprenden algunos baches importantes en lo que a individualidades se refiere. Son notorias las dificultades que tenemos a la hora de marcar las puntas, es decir, los históricos «marcadores de punta», tanto por derecha como por izquierda. Allí no tenemos figuras competitivas, ni en lo técnico ni en lo físico que se perfilen como irremplazables, que aporten quite y que se desdoblen en ataque. Tal vez aquí haya que improvisar o buscar una forma de mover las líneas para disimular las carencias. En otro orden, nos falta el también histórico centro delantero, que quizás lo haya pero no lo tuvimos en las fechas pasadas. Es un secreto a voces que ya retumba y repite los nombres de Abreu y Forlán, sin olvidar quizás a Poyet o al mismo Carlos María Morales. Este último, citado en un par de oportunidades –en el proceso Púa– para jugar en la altura, incluso en una de ellas dejado fuera, y en la otra, puesto unos minutos en el segundo tiempo.
En definitiva, estamos con lo justo, hay que seguir probando para fortalecer un plantel algo más ambicioso. Tal vez resaltan nombres como Olivera, que ha cumplido excelentes actuaciones y tenga posibilidades reales de alternar exitosamente. O bien el caso de Sánchez, que inexplicablemente tuvo una buena actuación momentánea en la altura y luego no se requirieron sus servicios. El mismo Chengue, que nadie podrá olvidar su participación del último partido, entre otros que han participado con suerte diversa y que habrá que seguir conjuntando para lograr el carisma necesario y poder aspirar a cosas grandes.
El déficit grueso que vimos fue la aplicación colectiva del equipo, la dinámica insuficiente y el trabajo técnico en muchos encuentros dejó mucho que desear. Si bien creemos que no debemos desconocer los avances tácticos y estratégicos en lo que son las grandes líneas de pensamiento que hoy se imponen, tal vez sea necesario rescatar «lo viejo» para construir «lo nuevo». El jugar por las puntas, en vez de por el medio, parece seguir manteniendo la cuota de sorpresa que se vuelve muchas veces incontrarrestable, jugar –como diría Valdano– con la geometría. Si la falta de estado físico relativo ha sido un problema para Uruguay, trabajar en el movimiento de las piezas para achicar espacios e impedir el enfrentamiento hombre a hombre –dadas las capacidades físicas menguadas– parece ser una idea a perfeccionar. Creemos que lo esencial es, otra vez, no dormirnos en los laureles y, sobre todo, trabajar y trabajar. Apuntar críticamente las debilidades, sin aspavientos pero sin concesiones, parece ser un paso fundamental para desarrollar aquellas potencialidades que sí tenemos. *
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