Clasificación "Japonesa"

En unos años nefastos, donde nada sale bien, la tristeza, la mediocridad, las angustias económicas lindando en la pobreza y en la miseria en grandes bolsones de la capital y del país mismo, cuyas consecuencias se palpan a simple vista en la ciudad vacía, los comercios cerrándose, lo mismo que las industrias y las fábricas, sin fuentes renovadas de empleo, todo en un marco de negras perspectivas, sin horizontes ni esperanzas, se produjo un milagro de alegría y festejos. Uruguay se clasificó para el mundial de Japón cuando nadie daba ni un «maravedí» razonablemente por su chance. ¡Oh milagro del fútbol oriental! No obstante sus carencias fiduciarias, sus míseros recursos, el hambre de sus anémicas instituciones, como el ave Fénix renace desde sus cenizas una vez más, trayendo al pueblo esa inyección de felicidad tan necesaria y mezquinamente regateada en todos los demás órdenes. ¡Enhorabuena! ¡Viva la celeste! Pero también seamos lógicos y que no nos ciegue el triunfo para no ver las realidades presentes y futuras y sus consecuencias.

Como elementos positivos y utilitarios de la clasificación tenemos:

a) El éxito que da esperanzas y optimismo necesario en lo deportivo.

b) Los millones de dólares que FIFA otorga por la clasificación. oxígeno indispensable para las magras arcas de los clubes futboleros.

c) El mismo fútbol devaluado en lo interno y en lo externo levanta su alicaído prestigio, con la vuelta incluso a las canchas de la gente que las había olvidado.

d) Pero de los mejores resultados es sin duda algo que no se ve pero se detecta.

El éxito deportivo «paró» la intervención por tiempo indefinido que se venía pergeñando desde la creación del «utilitario» Ministerio de Deporte. su ministro Jaime Mario Trobo, incluso había importado un técnico deportólogo desde España, supongo que pago en jugosos dólares, para aconsejar la intervención entre otros menesteres.

Es obvio que nadie se cruza el océano gratis para aconsejar simplezas tan evidentes y conocidas.

La «sombra» de la intervención es una vieja y conocida aspiración de años que se maneja y nadie razonablemente se animó jamás a concretar, incluyendo al régimen cívico militar que tenía la suma del poder y nadie osaba criticar. Es razonable entonces, que se buscase el aval de opiniones técnicas internacionales para llegar a ese fin.

Toda esa perspectiva se fue al «traste» con los goles de Darío y el Chengue. Una gran frustración para aquellos que soñaban con la intervención.

Con todo, en medio de la euforia del festejo, hubo un elemento negativo. Una presunta sutileza, que no se debió hacer, como elemento demagógico en beneficio de determinado hombre del fútbol. En el tablero electrónico del estadio apareció en «luces de colores» un agradecimiento con el apodo de un conocido contratista. Ese impreso da lugar a que cualquier mal pensado de los que abundan, se imagine que el mencionado es el jugador «número doce». ¿Qué otra cosa la malicia pública puede imaginar? Eso no le hace bien ni al fútbol, ni al deporte en general ni siquiera incluso al personaje referido. Buscando un apoyo y simpatía popular, que supongo sería el fin del «gracias», sólo les da argumentos y antecedentes a los agazapados interventores para que puedan manejarse en el futuro. Y esas «ventajas o flancos descubiertos» no se deben dejar ni en el fútbol ni en la política. A un «jugador» como Jaime Mario, a quien conozco bien, no le doy ese «changüí». El fútbol se debe arreglar por sí mismo. Máxime ahora que vendrán recursos legítimos que deberán administrarse con corrección y raciocinio en un mercado chico y pobre como el nuestro.

Con el desarrollo de los semilleros, infraestructuras, canchas auxiliares por ejemplo, que no hay, alimentación y desarrollo físico adecuado a jugadores de inferiores con médicos y deportólogos que los tenemos, sin necesidad de importarlos de países extraños, que nada tienen que hacer dentro de nuestras fronteras quitando fuentes de trabajo a los nuestros, etc. O sea, manejándose con gente honesta y capaz que sea del ambiente y conozca e integre la familia futbolera y deportiva, del país. Los improvisados, advenedizos y payadores están de más. Amén. *

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