La memoria rota

NIKO SCHVARZ

 

A fines de siglo XVIII, cuando Napoleón hacía la campaña de Egipto (1798-99), sus soldados comprobaron que los niños egipcios pensaban que las pirámides habían sido construidas por los franceses o los ingleses.

A fines del siglo XX, jóvenes japoneses encuestados creían que las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki habían sido arrojadas por los rusos.

A partir del 28 de abril de 1965, el pueblo de Santo Domingo resistió durante 132 días la invasión de 42 mil marines norteamericanos.

La gente peleó casa por casa, con carabinas, palos y botellas rotas.

Hace poco, una joven estudiante dominicana se refirió a esta invasión en los siguientes términos: «Fueron los cubanos, ¿verdad?».

Sin ir tan lejos, un ex presidente uruguayo dijo recientemente que la II Guerra Mundial había sido ganada por Inglaterra y Estados Unidos, sin mencionar a la Unión Soviética.

Otro 11 de setiembre –exactamente 28 años antes de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono– aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea chilena arrasaban el palacio de la Moneda en un golpe de Estado organizado y financiado por Nixon, Kissinger y la CIA, que derribó el gobierno democráticamente electo de Salvador Allende.

La CIA le enseñó a Bin Laden todo lo que sabe de terrorismo. Adiestrado, armado y financiado por la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, fue uno de los principales «guerreros de la libertad», como denominaba el presidente Ronald Reagan a los combatientes contra los regímenes pro soviéticos de Afganistán. El gobernante irakí Saddam Hussein recibió de EEUU las armas químicas que utilizó contra los kurdos en su país y contra Irán durante los ocho años de guerra.

Vladimiro Montesinos en Perú y Manuel Antonio Noriega en Panamá (ambos encarcelados hoy) fueron notorios agentes de la CIA.

A Montesinos le pagaban un millón de dólares por año, amén de otros dinerillos que se agenciaba en connubio con el presidente Alberto Fujimori (hoy autoexiliado en Japón).

El gobierno norteamericano practicó el terrorismo de Estado y otorgó pleno respaldo al que se practicó en Indonesia (remember la Operación Djakarta), en Chipre, en Sudáfrica, en Bangladesh, etcétera, así como en los países latinoamericanos que sufrieron la guerra sucia del Plan Cóndor.

Algunos de estos hechos (que por cierto son apenas unos botones de muestra) fueron recordados en un programa radial difundido en países sud y centroamericanos, elaborado en base a Patas Arriba de Eduardo Galeano, un artículo de La Jornada de México (El teatro del bien y del mal, 21 de setiembre) y otros materiales. Agregó el locutor: «Mucho se parecen entre sí los terrorismos, el de los fundamentalistas ‘religiosos’ y el de los fundamentalistas del mercado.

Ambos comparten el mismo desprecio por la vida humana. Los asesinos de seis mil ciudadanos triturados bajo los escombros de las Torres Gemelas y los asesinos de 200 mil guatemaltecos, exterminados por militares entrenados y financiados por sucesivos gobiernos norteamericanos».

Finalizó el programa con la siguiente reflexión: «El humo de las recientes explosiones puede formar otra cortina de humo mucho más grande que nos impida recordar la historia, encontrar los pedazos de nuestra memoria rota». *

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