Los vascos

LEOPOLDO AMONDARAIN

 

Aclaro. Mi posición es personal y no comprometo a institución o grupo alguno de la colectividad.

Los hechos recientes sobre los dos jerarcas vascos detenidos en el aeropuerto es otra enormidad.

Bueno sería recordarle al ministro del Interior que el Uruguay hace casi doscientos años que es independiente y soberano, desde que nuestro padre don José Artigas sacase a botazo limpio de nuestras costas a los godos.

El operativo español, a lo que se prestó nuestra Policía a disfrazarlo de «uruguayo» y terminar haciendo el ridículo, no tiene gollete.

Paso a explicar. Udalbiltza es una organización surgida hace dos años del pacto de Lizarra, donde los nacionalistas vascos, todos sus partidos, en aras inocultable de bregar por la legítima independencia futura de Euskadi pacificando al país, juntan en un solo «haz» u organismo formal, los ayuntamientos vascos.

Tanto los de Iparralde, zona sometida por el imperio francés como los de Egoalde sometida por España.

Haciendo una comparación no idéntica, similar a nuestro Congreso de Intendentes. O sea no son españoles ni franceses. Son sólo vascos a secas. Esa es la idea o el mensaje. ¡Bien por los vascos! Claro, no se pueden olvidar de la diáspora, que por cierto es grande.

En ese marco vino un ex concejal de Iparralde y un alcalde electo doemocráticamente de Vizcaya, Egoalde, a informar a la colectividad de esos menesteres políticos. No son etarras por cierto, sino incluso autoridades democráticamente electas del país vasco.

Que todo esto le importe a los vascos que luchan por su libertad o por Francia y España, viejos y decadentes imperios que tratan de someterlos, está dentro de las leyes de juego. Lo que me cuesta entender, tal vez por ser un vasco duro de «entendederas», es la alcahuetería y servilismo de nuestro gobierno que se prestó y llenó de versiones absurdas con todo un montaje publicitario de prensa en general local e internacional en un operativo que fue un atropello a la dignidad de dos jerarcas extranjeros sin perjuicio a la razón y el sentido común. Quedamos ante el mundo como una republiqueta bananera. Primero: se dijo que tenían documentación falsa. ¡Ni al que asó la manteca se le ocurre que un alcalde en ejercicio y concejal viaje con documentación falsa! Segundo: ante la grosera tontería, corrigieron la versión y nada menos que el propio ministro del Interior dijo que se negaron a abrir unos sobres que traían y por eso lo detuvieron. ¡Falso! No les pidieron ni se negaron a entregar los sobres simplemente se los sacaron y dentro tenían fotos de los nietos y documentos personales y familiares sin importancia «subversiva» alguna.

La señora jueza lo constató. Señor ministro, decir «mentirijillas» es cosa fea, al decir de Cacho Bochinche.

Tercero: para ensuciar la cancha en obvia táctica española, llevaron presos a dos más, que nada tenían que ver con los visitantes. Uno de ellos la Justicia también lo soltó, porque sólo tenía un documento vencido y el otro un conocido y apreciado cocinero que toda la colectividad conoce y aprecia. Hace 15 años que vive en el Uruguay, donde formó hogar con compañera uruguaya, respetado y correcto trabajador, pero que sólo tiene un documento provisorio y renovable periódicamente por la Policía, la quedó. A ese sí lo procesaron, se ignora el delito. Pero no lo llevaron del aeropuerto sino de su casa a las 6 de la mañana: nada tenía que ver con los jerarcas vascos que vinieron. El absurdo y el ridículo del operativo español-uruguayo llegó a tal punto que un periodista de la TV hispana habría comentado cuando se le informó que quedaban en libertad por faltas de pruebas, (sic): «¿Entonces, todo el operativo se fue al culo?». Muy realista el godo. Lo que duele de todo esto no es el desborde arbitrario español, sino el servilismo de nuestro gobierno y su Ministerio del Interior al prestarse al juego imperial manoseando a respetables jerarcas de un país tal vez chico como nosotros pero con la dignidad de querer ser libres y no cipayos de oxidados y perimidos imperios que nada tienen que hacer dentro de nuestras fronteras soberanas.

Estoy orgulloso de ser uruguayo y de las libertades que nos inculcó Artigas: No lo estoy por cierto del actual gobierno obsecuente, batllista, que nos ha tocado en suerte. Como descendiente de vascos, cuando los vimos libres sólo se nos ocurrió gritar. ¡Gora Euskadi Askatuta! *

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