Hierro López tiene razón (y se quedó corto)
JORGE CROCE
Lo lamento. Yo no lo busqué. Pero se ha disparado, en reiteración real, un tema polémico si los hay sobre el que la opinión pública (y sobre todo los jóvenes que no lo vivieron) necesita oír todas las voces.
Y entiendo que me resulta impostergable dar una opinión.
Intentando que sea lo más objetiva posible, y para que no se pueda intentar atacar simples opiniones, presento pruebas.
Porque tiene que ver con los sucesos de la predictadura y su incidencia en la inmediata «noche negra» que nos invadió, y de la que todavía no hemos salido.
Al menos en cuanto a la cancelación de saldos deudores en importantes bolsones de población afectada.
Y todo viene a cuento, a raíz de las «polémicas» declaraciones de algunos actores políticos colorados, a raíz del autodenominado intento de actualización de esa fuerza política.
Según los medios periodísticos, el doctor Hierro López, entre otros comentarios del acontecer histórico nacional, refiriéndose al predictador Pacheco Areco confesó:
«(…), tomó algunas medidas duras, hubo cierre de periódicos, encarcelamiento de civiles, (…) hubo tres estudiantes muertos (…) ejerció la autoridad con desbordes (…)»
De inmediato, como impulsado como un resorte, el doctor Carlos Curbelo Tammaro, en representación, y trasmitiendo la opinión expresa del Comité Ejecutivo de la Unión Colorada y Batllista, le salió al paso al vicepresidente estableciendo que sus palabras, aun después de la aclaración de éste,«no han sido acertadas» por haber acusado a Pacheco de abuso de autoridad «ya que esa expresión sugiere una indebida extralimitación en el ejercicio del poder». Entonces surge la pregunta: ¿hubo o no abuso de autoridad y/o extralimitaciones en el ejercicio del poder durante el gobierno de Pacheco Areco?
El doctor Curbelo es un conocido político, tal como lo indica su vínculo a la UCB, y reconocido abogado.
No pretendo realizar un enfoque sobre el primer nivel, el político, porque seguramente será difícil separar las razones realmente válidas de los condimentos ideológicos, el posible apasionamiento, los fanatismos, la necesidad de defender a líderes de los movimientos en que se milita políticamente aún en situaciones indefendibles, etcétera.
Sería, considero, una pérdida de tiempo y no llegaría a mi objetivo, que es probar que Hierro López, en esta calificación del proceder de Pacheco, acertó, y aun se quedó corto.
Para ello utilizaré el camino jurídico de los documentos, tratando de mostrar en forma de pruebas objetivas incontrovertibles que el gobierno de Pacheco incursionó en el abuso de autoridad, a través de la violación del espíritu de algunas leyes muy importantes para la vida de los uruguayos y finalmente, en la flagrante desobediencia voluntaria de la ley, en busca de la consecución de sus reprobables objetivos.
1- Respecto a la violación del claro espíritu de la Constitución, recordemos la utilización permanente y contumaz de mecanismos previstos en la misma como excepcionales, como es el caso de las Medidas Prontas de Seguridad; claro que aprovechando la connivencia culpable de quienes, ungidos para la defensa del pueblo, levantaron en forma cómplice, genuflexa y antipopular, las enyesadas manos, para hacer de tal mecanismo un «modus operandi» permanente, haciendo así posible tal atentado al claro espíritu de la Constitución.
2- Pero yendo más lejos aún, a través de un gobierno-banquero, donde la banca, dejando de lado los subterfugios y eufemismos utilizados hasta el momento a través del uso de testaferros, tuvo a sus representantes directos y genuinos en los escalones más altos del poder encarnados en la oscura figura de Peirano Facio.
Y aporto, como prueba irrefutable de la violencia de la ley, a la desobediencia de lo establecido por la Ley 14.047, que estableció el reingreso incondicional de los bancarios privados destituidos por la huelga constitucional de 1969.
Compruebe el doctor Curbelo, como jurista que es, la veracidad de mi denuncia sobre una ley que permanece incumplida hasta el mismísimo día de hoy, en base a los «correligionarios» filosóficos que le han continuado en el gobierno, de los cuales su entonces ministro de Educación es uno de sus más fieles alumnos.
3- Además, como frutilla del postre, hay hechos que la opinión pública debe recordar (y saber en el caso de los jóvenes) en los que la actuación autoritaria, ilegal y prepotente de Pacheco Areco abrió las puertas a la inmediata noche negra de la dictadura, que lo tuvo, además, como colaborador, desde el cargo de embajador en Paraguay. Por si esto fuera insuficiente, recordemos cuántas figuras, que han pasado u hoy actúan en la UCB, contribuyeron a darle «prestigio» al gobierno de las golpistas FFAA, desde cargos del autodenominado Consejo de Estado (parodia trágica y triste del Parlamento), así como en la posterior defensa, Ã outrance, aun hasta estos días, de los incalificables delitos de lesa humanidad, cometidos por los golpistas, y que son de público conocimiento.
Y para terminar, un capítulo aparte para referirnos a la infeliz referencia del doctor Curbelo a la figura del general Seregni.
No lo vimos ni oímos al doctor Curbelo, ni a sus correligionarios, decir una palabra en la oportunidad en que, como candidato del FA, el general Seregni concurrió al ruedo político y se le trató con términos descalificatorios, absolutamente injustificables e improbables, buscando a través de la difamación y la injuria un rédito político deleznable. No lo vimos ni oímos al doctor Curbelo, ni a sus correligionarios, esbozar una palabra en contra, cuando la dictadura lo mantuvo preso durante trece años por el único «delito», comprobado en los hechos posteriores, de pensar y opinar en forma diferente.
Queda muy poco elegante traerlo ahora al ruedo mediático, e intentar presentarlo como modelo, utilizando sus opiniones sobre el tema, cuando las mismas, según lo que muy modestamente estoy intentando objetivamente probar, no coinciden con la realidad de lo ocurrido. *
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