El peligro de irse por la tangente

CARLOS BOUZAS

 

Se ha desatado una tormenta informativa a partir de la revelación –a principios de la semana pasada– del presunto incentivo otorgado por el club Peñarol al plantel de Defensor-Sporting, a los efectos de poner mayor empeño en su partido contra el Club Nacional.

Yo sé que enfrentó dos riesgos al ocuparme de este tema: Que me comprenden las generales de la ley, porque soy tuerto; y que usted lo puede considerar un asunto menor. El primer riesgo lo asumo enteramente. Respecto del segundo, le pido que considere que el asunto va más allá de la anécdota, para integrar una característica que se está repitiendo demasiado entre nosotros. Yo lo llamaría «irse por la tangente». Le daré un par de ejemplos:

1.- Un juez penal no pudo condenar a un abogado procesado por el delito de trata de blancas, porque la cinta grabada que lo incriminaba no había sido obtenida a partir de una autorización judicial.

2.- Un ex ministro que pidió una coima de dos millones de dólares para torcer el curso de una licitación pública, no pudo ser procesado porque la ley que establecía esa conducta como delito, aún no estaba en vigencia.

En ambos casos, a partir de las circunstancias anotadas, no se habló más.

En el asunto que se está discutiendo actualmente, se pone mucho énfasis en los detalles de si el jugador que reconoció ante un periodista y negó ante el juez puede ser acusado de falso testimonio. O si el tribunal de penas de la AUF debe y puede actuar de oficio. O si la conducta de los jugadores de Defensor-Sporting –para el caso que se confirme– constituye delito o no, dado que no es lo mismo recibir incentivos por «ir para atrás» que por «ir para adelante», con el ingrediente de que la ley que lo prescribe fue aprobada en épocas de dictadura. O si el juez está habilitado para solicitar el levantamiento del secreto bancario, mientras muchos periodistas sugieren (aunque no lo dicen) que saben quién firmó el cheque y cuál fue el Banco pagador. O…

En este mar de especulaciones y declaraciones (algunas muy huecas), es muy probable que todo quede en agua de borrajas, una vez más.

Hace muchos años tuve oportunidad de ver una obra de teatro, «Arlequino, servidor de dos patrones», en la que –en medio de mil enredos y situaciones tragicómicas– el designado en el título, se las veía en figurillas para sacar provecho de su fidelidad a dos señores.

Y yo creo que ahí está el meollo del asunto, más allá y más aquí de la ley de delitos deportivos o el reglamento de penas de la AUF. ¿Está bien que un individuo que está vinculado por contrato con una institución para desarrollar una tarea y recibe una remuneración acordada por ello, reciba otra remuneración extra de una institución competidora? Yo opino que no, sin considerar que el incentivo sea para ir «para adelante» o «para atrás». Porque se trata de un asunto «que no concierne al orden jurídico, sino al fuero interno o al respeto humano (y que, en el deporte) se refiere al espíritu o a la confianza en la victoria», según nos explica el diccionario de la Real Academia. Y no creo que eso se pueda obviar con el argumento de que «cualquier monedita sirve», que sí es válido para los muchachos que lo proclaman en los semáforos, por el estado de necesidad que soportan.

La Directiva de Defensor-Sporting ha manifestado que «los hechos de esa naturaleza, de existir, transgreden los principios que deben regir el deporte». Y se ha comprometido a investigar con «transparencia y honestidad», anunciando que «no aceptará, ni justificará a quienes hayan podido traicionar la confianza en ellos depositada como deportistas profesionales».

Estoy de acuerdo con esa voluntad. Espero sus resultados, considerando que de ellos depende que nos queramos un poco más como seres humanos que convivimos en la misma sociedad. *

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