Argentina: ¿será el fin del neoliberalismo?
La fuerza de los golpes en estos tres años de recesión y crisis hizo recapacitar al gobierno argentino, que, parecería, comenzará a recorrer el único camino posible, el de la reactivación económica. Para ello rompe con la ortodoxia neoliberal y aplicará una serie de medidas que se denominan con un término de moda: anticíclicas.
El camino ortodoxo de seguir apretando el cinturón de la gente, haciendo pagar a jubilados y trabajadores estatales –con recortes de sus sueldos– el coste del déficit, parece que ha quedado atrás, aunque no está claro cómo se resolverá el tema de los aportes a la coparticipación con las provincias, piedra angular del posible cambio de signo de la situación argentina.
De mantenerse la actual política, de recortarse dicha coparticipación, varias provincias argentinas, muchas de las cuales viven una crisis más profunda que la totalidad del país, se convertirán en focos de descontento donde estallará la protesta popular en cualquier momento.
Claro, ahora, por el mecanismo de la rebaja del IVA y otras exenciones, además del incremento de subsidios a las familias con hijos y a las personas mayores de cierta edad sin ingresos propios, el gobierno de De la Rúa piensa que se reactivará el consumo, produciéndose una reacción en cadena en el proceso productivo que serviría, además, para reducir el nivel la Población Económicamente Activa que hoy se encuentra desocupada.
Cuando estudiemos los decretos, cada una de las medidas y los efectos que éstas tendrán en lo inmediato, abandonaremos o no la incógnita que todavía está presente en mucha gente y también en nosotros, de que si el ministro Domingo Cavallo –que tiene en su haber una muy negra historia– podrá encabezar una corriente que en lugar de favorecer a los centros del capital financiero, lo haga con la gente.
Será, quizás que ante tantos golpes, la fuerza de la realidad que comenzó a darse en un país que vive una situación de concreta cesación de pagos, al borde del estallido social, con bolsones de miseria y una irreprimible violencia que supera en mucho a los organismos de seguridad, haya primado la lógica y ahora se busque la reactivación económica por medio de medidas anticíclicas. Claro, paralelamente, deberán renegociar la totalidad de los vencimientos de la insoportable deuda externa de más de 130 mil millones de dólares.
El tiempo lo dirá. Este dará respuesta al éxito de una nueva política que no puede darse el lujo de fracasar, pues ese sería el factor desencadenante de un derrumbe brutal que arrastraría a la región en general y a nuestro país en particular. Obviamente Cavallo no es el mejor timonel de tormentas, pues además de ser responsable de la actual crisis, no tiene el necesario apoyo político para timonear el proyecto, rápidamente, a buen puerto.
Por ello es de esperar que el presidente De la Rúa logre aglutinar tras su investidura democrática, a todos los sectores políticos que se deben poner a trabajar, de inmediato, para doblar el brazo de la crisis provocada por un modelo económico claramente agotado. *
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