Soriano quiere paz… y trabajo

MARCELO JORGE FILOMENO

 

Bajo la consigna «Soriano quiere paz» se realizó días pasados una concurrida marcha por las calles de Mercedes –convocada por fuerzas sociales, religiosas y políticas– como hacía bastante tiempo no se realizaba. Los trágicos sucesos por los que atraviesa el mundo alentaron a la participación de la gente, preocupada por el destino de la humanidad. Y si bien tendrían que haber sido muchos más los participantes, como lo deberían ser y tampoco lo son, proporcionalmente, en las demostraciones a lo largo y a lo ancho del mundo, está claro que las grandes mayorías se repliegan sobre sí mismas –en todas partes– operando en definitiva la militancia y las dirigencias. Salvo en oportunidad del ejercicio del voto en los estados democráticos y siempre que sea obligatorio. Esto es hoy objetivamente así, más allá de la voluntad y de los esfuerzos de dirigentes y militantes, en todos los ámbitos. Los análisis al respecto estarán siempre en el orden del día.

El trabajo

En esas condiciones, la convocatoria reseñada por la paz, cargada pues de simbolismo y con relativo éxito, destacó asimismo la ausencia de correlato, hasta el momento, en las convocatorias efectuadas por fuentes de trabajo. Los actos y reuniones, citados a esos efectos en Soriano, han contado con escasa participación, incluso de los directamente afectados por la desocupación, como sucedió por ejemplo en ocasión del acto del 25 de agosto.

Con la obvia consecuencia de que, si los gobernantes y dirigentes departamentales no llegan con fuerza a los niveles de decisión nacionales, nada se obtendrá, dentro de los naturales condicionamientos que impone la actual crisis, que, no obstante, puede ser más dura para unos ciudadanos de este país que para otros.

La indiferencia del Presidente

En relación a lo antedicho no podemos sino referirnos a este factor, siempre presente en el departamento de Soriano. Desde los tiempos en que coadyuvó a liquidar la agroindustria azucarera, hasta el presente.

El actual Presidente de la República nunca ofreció ninguna clase de idea o salida para los problemas de creación de fuentes de trabajo. Pese a los requerimientos incluso de sus propios correligionarios departamentales, tocados por la angustia de la gente.

La penúltima muestra de ello ha sido su tajante afirmación en cuanto a la no viabilidad del enlace vial que uniría los departamentos de Soriano y Colonia con la provincia de Entre Ríos, obra que abre grandes esperanzas de desarrollo para la región y expectativas por la mano de obra que ocuparía.

Efectuada ante el requerimiento de los medios que cubrían los actos celebratorios del bicentenario de la ciudad de Dolores, sin ningún tipo de argumentos que la avalara. Por el contrario, en su estilo confrontativo, apoyó la realización del puente Salto-Concordia, un nexo más sobre el río Uruguay al norte del Río Negro, cuando al sur no hay ninguno, y el megaproyecto Colonia-Buenos Aires. Sin aclarar en ambos casos sobre las financiaciones y, en el último, sobre los aspectos técnicos cuestionables, a los que se agregaría hoy –en nuestra opinión– el temor que genera la vulnerabilidad de esas enormes estructuras en el mundo entero, lo cual no hace prudente por el momento la insistencia en el megaproyecto, a la espera de tiempos mejores.

La gente de la región no quedó para nada conforme con aquellas manifestaciones, lo cual se tradujo en las expresiones públicas de los representantes nacionales del Partido Colorado por los departamentos de Soriano y Colonia, quienes relativizaron los conceptos vertidos por el primer mandatario.

Un político exitoso

Como demostración de que la crisis puede llegar a ser más crisis para unos ciudadanos que para otros, el propio presidente Batlle, apoyando entre risas solidarias los esfuerzos exitosos del intendente de San José, le ha ofertado, ante embajadores y representantes de países a los cuales éste les ha presentado su departamento, construirle la gran central de gas del área metropolitana.

Por la expresión del anfitrión parecía que ni él mismo estaba enterado del «regalo». No salidos todavía del asombro nuevamente el gobierno se traslada a «la república de San José», ahora para inaugurar una planta procesadora de cueros, que demandará 500 puestos de trabajo directos.

Emprendimiento gestionado parece, como otros, por el propio Chiruchi, y apoyado, como todos, por el gobierno nacional. O sea que en San José la inversión privada se refuerza con obras públicas.

A los que no estamos en el área metropolitana, ni pesamos políticamente, ni inversión privada ni obra pública. Tal el sentimiento que anida en el Interior –del país y de los espíritus– no obstante lo cual saludamos y felicitamos calurosamente a los vecinos de San José y a su intendente por la creación de fuentes de trabajo. *

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