La razón o la pasión
LEON LEV
La ley de reparación a los destituidos de la industria privada, durante el período dictatorial, dio un paso adelante, fue votada por mayoría a nivel de la comisión parlamentaria de Diputados.
El Partido Nacional, el Encuentro Progresista-Frente Amplio y el Nuevo Espacio, manifestaron su voluntad política de transformar en ley, el deseo de cicatrizar heridas que llevan casi dos decenios abiertas.
Vale la pena precisar lo resuelto esta semana por la Mesa Política del Frente Amplio:
Expresa su convicción «en cuanto a lo extremadamente positivo que supondría la aprobación final de este proyecto en el curso de este año, seguros de interpretar las muy justas expectativas de los directamente involucrados y la sensibilidad de todo el espectro político.»
Cabe resaltar dos aspectos de este párrafo:
a) las muy justas expectativas de los directamente involucrados
b) la sensibilidad de todo el espectro político.
Las señales que hasta ahora ha emitido el Poder Ejecutivo es de sensibilidad y deseo de aprobación, más allá de que el Partido Colorado no lo ha corroborado a nivel parlamentario.
Sería de alta importancia que una ley de este tipo fuera votada por la totalidad del espectro político. Daría un indicio de madurez, de sabiduría política, de crear un clima de pacificación, tan necesario en esta época de restricciones e insatisfacciones.
El propio Partido Colorado manifestaba a la salida de la dictadura, dentro de las medidas de corto plazo: Determinación de «fórmulas adecuadas para que, en plazos perentorios, se proceda a las reparaciones que correspondan por los daños y perjuicios ocasionados a las personas declaradas cesantes o despedidas en la actividad pública o privada por razones sindicales.»
La justicia reparadora que llegó a los funcionarios públicos no alcanzó a los trabajadores del sector privado. Los plazos perentorios han sido ampliamente superados. Es una realidad discriminatoria que genera irritación.
Por eso resulta extraño y con los ojos clavados en el pasado, que no permite avanzar y superar obstáculos, que desde filas coloradas alguien diga: «Es injusto. No lo voto por principios. Se está flechando la cancha porque es gente de izquierda».
Lo primero es de que se trata de una ley de absoluta justicia, que repara una injusticia.
No se flecha ninguna cancha, es parte del pleno cumplimiento de los Derechos Humanos, que no son de izquierda ni de derecha, son DERECHOS HUMANOS.
El ejemplo que dio el Parlamento al votar por unanimidad una ley que proclama como Feriado Nacional la fecha del triunfo del NO en el plebiscito del 30 de noviembre de 1980, como el inicio del fin de la dictadura, es algo a destacar.
Es un hito civilizatorio no sólo de imparcialidad histórica, sino también de educación ética de las nuevas generaciones.
Para que año a año se conmemore solemnemente la gran jornada cívica y se rinda merecido tributo al compromiso con los mejores ideales de la democracia y los derechos humanos
Ahora corresponde votar la presente ley, enviada por un ministro del Partido Nacional, en el área de Trabajo y Seguridad Social, pero con el aval de la Presidencia de la República y la anuencia del Ministerio de Economía y Finanzas.
Sería un mérito de la democracia y no de ningún sector político que esta ley se haga realidad.
Cuando el proyecto llegue al plenario de la Cámara de Representantes se verá qué es lo que prima, si la razón o la pasión.
Si prima la razón, votarán los cuatro partidos.
Si la pasión obnubila, habrá mayoría y autoexclusión. No es nuestro deseo.
Es un momento en el que todos necesitamos el reinado de la razón sobre la pasión.
Porque como dice el pensador:
«La razón no puede prosperar sin esperanza, ni la esperanza expresarse sin razón.» *
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