Críticas desde adentro al Partido Colorado
Aunque a principios de los años 60 la Convención del partido se reunía con cierta regularidad, el procedimiento cayó en desuso durante los períodos de gobiernos semidictatoriales de Pacheco y Bordaberry.
En aquella época el debate interno colorado existía y las distintas corrientes se expresaban de manera bastante democrática, no sólo como sectores parlamentarios sino como corrientes estructuradas de opinión, desde los más conservadores vinculados a los hermanos Batlle Pacheco hasta los más progresistas liderados por Vasconcellos, Alba Roballo y Zelmar Michelini.
Lamentablemente, la acción regimentadora del estatismo autoritario –y después la de la dictadura cívico militar– fue matando toda vida interna democrática dentro del coloradismo.
De ahí que la práctica de la expresión pública de análisis críticos no sea usual en el viejo partido de Rivera.
De tanto en tanto, a través de la prensa o en alguna nota de opinión editorial, se percibe que existen sentimientos de desaprobación a la línea política actual.
Nunca, hasta ahora, esas voces habían hablado con claridad y en forma colectiva como lo hacen ahora.
La publicación de un documento crítico elaborado por Ope Pasquet, Daniel Lamas, Fernando Scrigna, José Franzini, Gerardo Arroyo, y otros dirigentes o ex funcionarios de gobierno colorados es un hecho positivo. Y no lo decimos desde el punto de vista mezquino de ver cómo agregan dificultades a la actual conducción sino desde el punto de vista más general que sostiene que la salud democrática de los partidos, por las que el documento brega, es siempre un factor positivo para el conjunto de la vida institucional.
La democracia moderna reposa en la existencia de partidos, de elencos unidos en torno a programas, a partir de una visión común de la realidad y las posibilidades del país.
Cuando todo eso falta, y el único elemento «coligante» es el que se constituye a partir de los compromisos clientelísticos o del caciquismo de tales o cuales caudillos nacionales o locales, el sistema empieza a mostrar sus carencias. Y los malos criterios de reclutamiento y promoción partidaria se expanden como mala hierba con efectos nocivos sobre toda la sociedad.
El texto publicado en la página web del «batllismo abierto» es particularmente incisivo con el fenómeno que denomina «la corrupción en el gobierno y en la administración pública».
Después de analizar la evolución de los procesos electorales, la declinación de los votos que recoge el Partido Colorado y el crecimiento uniformemente acelerado de la izquierda, el documento expresa: «En tiempos de vacas flacas y ajuste fiscal permanente es comprensible que los ciudadanos se indignen cuando quienes predican eficiencia y austeridad se permitan a sí mismos tantas libertades a expensas del erario y lo hacen, además, con asombroso desparpajo».
El proceso de aislamiento en que el Partido Colorado va quedando en relación a la sociedad uruguaya y su falta de vida interna es criticado con claridad: «Sin Convención, sin clubes, sin diarios, sin radios, ¿cómo se comunican con el pueblo los dirigentes colorados? Será por telepatía», ironiza.
El texto que se difunde públicamente como formando parte de un esfuerzo por la recreación de un «ambiente libre y fermental y una dinámica democrática dentro del Partido Colorado» se propone movilizar a la militancia en ese sentido transformador.
En ese mismo sentido parecen orientarse las recomendaciones del señor José Luis Batlle, secretario general del Partido Colorado, en el sentido de que muchos de los temas que preocupan hoy al gobierno sería positivo que los examinara la convención colorada.
Positivo para el coloradismo, para el gobierno y para la opinión democrática del país.
Una reunión abierta, con libre acceso para toda la prensa, como los Congresos o los Plenarios Nacionales del Frente Amplio. *
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