Hoy es el día…
JULIO CESAR MARTINEZ
Hoy es el día de alguien que está en todos lados, a toda hora, tiene millones de nombres a lo largo y ancho del planeta, tantos como apologistas y detractores y aunque es falible debe aparecer como si fuese absolutamente todo lo contrario, porque lo invocan cuando necesitan de él y reniegan de él cuando aparentemente no es imprescindible.
Hoy justamente, es el día de alguien que bien puede aparecer como el supremo protagonista de todo para el que ningún pláceme o lauro parece suficiente, o bien como el antihéroe sobre el que necesariamente deberán apuntarse todas las blasfemias, las injurias y los índices sentenciadores, incluso muchas veces, instantes después de haberlo ensalzado fervorosamente.
Hoy, es el día de quien casi siempre es el agua con la que los Pilatos eternos pretenden enjuagarse las manos, o la arcilla que miles de intereses avasallantes intentan moldear de acuerdo a sus propias hormas, o el aire que siendo visceralmente puro, debe mantenerse así, ya conviva con lo sublime o con lo espurio. De no hacerlo, caerá sobre él seguramente la responsabilidad del contagio y muy difícilmente alguien arriesgará una defensa para liberarlo de tal infamia.
Agua, arcilla y aire son sin embargo los tres elementos fundamentales con los cuales deberá sobrevivir ilimitadamente.
Hoy es el día de alguien que debe necesariamente ser libre aunque no se lo autoricen, que debe meterse en la realidad sin pedir permiso y sobrellevar las consecuencias de su atrevimiento y que además sabe (o debería saber) que su honestidad es un gatillo que puede –de acuerdo a cómo y adónde apunte– hacer reventar un pimpollo o una bomba.
Es el día de alguien que generalmente no es como lo muestran en la novelística fantasiosa, sino que es un ser simple, lleno de contradicciones como cualquier otro simple habitante del planeta, con las mismas necesidades, urgencias y deseos, «simples simplezas» que casi mágicamente y sin que él mismo se lo proponga pueden convertirse en «geniales genialidades».
Finalmente, hoy es el día de un trabajador, un obrero que bien puede vestir de etiqueta o de overol, que puede ser visto, escuchado o leído, pero difícilmente ignorado, al que desde siempre le ha gustado apostar a un destino de Quijote, aunque muchas veces la realidad le ponga un cable a tierra y le encomiende misiones menos fantásticas.
Seguramente podrían decirse cientos de cosas más sobre el protagonista de esta fecha, citar encumbrados pensadores, recurrir a una bibliografía amarillenta para rellenar la crónica de citas famosas y disfrazarla de erudición brillante, pero nosotros hemos preferido reducirnos a estas simples palabras como sencillo homenaje a todos nuestros colegas y en todo caso podríamos elegir para rubricar este mensaje, una frase que le escuchamos una madrugada en un boliche cualquiera de Buenos Aires al inolvidable Daniel Ghiribaldi (el autor de los «Sonetos roña») mientras se mandaba entre pecho y espalda un vaso de ginebra, y como a todo buen curda que se precie de tal, le daba por volverse filósofo: «Mirá Juma… esta profesión es como un tobogán… ¿viste? Para subir tenés que hacerlo por la escalera y paso a paso, porque cuando estás arriba, podés caer de culo por el otro lado en cualquier momento y por eso tenés que ser el mismo siempre, para que cuando estás otra vez abajo, puedas hacer como yo… ¿viste?, tomarte una ginebra en cualquier mostrador sin que nadie te mire torcido…» Y él sabía bien entonces (como nosotros ahora) de la implacable ley de ese «tobogán»… Ah… porque quizás lo que nos faltaba decir es que hoy, 23 de octubre, es el «Día del Periodista». ¡Salud! *
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