En nuestro editorial del pasado domingo 21, hacÃamos referencia a cómo las posturas contestatarias parecÃan volverse sediciosas según la óptica que empieza a prevalecer desde el 11 de setiembre.
DecÃamos allà que una vez desaparecido el bloque soviético e instalado el mundo unipolar, el imperio se veÃa en la necesidad de hallar un enemigo y que los atentados del 11 de setiembre habÃan servido a ese propósito.
Fue asà que la máxima bushiana de “quien no está con nosotros está en contra nuestra” se convirtió en la llave maestra para considerar enemigos a todos quienes no se alineen en el bando de los ‘buenos’; la neutralidad, la autodeterminación, la independencia, son vistas automáticamente como amenazas al mundo occidental.
Los derechos humanos consagrados en las constituciones de las naciones democráticas también están en peligro. La histeria antiterrorista, la necesidad de obtener información para desbaratar las posibles células, llevan al colmo de que el FBI y la CIA, y en general todos los organismos de Inteligencia, reclamen la posibilidad de “endurecer los interrogatorios”, un eufemismo parecido al que usaba Bordaberry –”rigor en los interrogatorios”– para justificar las torturas practicadas por las Fuerzas Conjuntas.
Esa es la situación en el ámbito de las relaciones internacionales. Pero del mismo modo, todos los individuos y grupos de caracterÃsticas contestatarias están en la mira de los sacerdotes gendarmes de la cultura occidental.
“El espÃritu crÃtico se ha convertido –en la óptica del imperio– en uno de los enemigos públicos número uno”, escribÃamos en el editorial mencionado.
Uno de los nuevos satanes es el celebrado pensador y lingüista Noam Chomsky, un intelectual de fuste que ha exhibido desde siempre posturas crÃticas del establishment. El, junto a Susan Sontag, James Petras y otros politólogos disidentes, es una de las voces que con más lucidez y valentÃa se alzaron para denunciar la absurda e inhumana respuesta bélica a los atentados suicidas.
Esto le valió no solamente la crÃtica acerba de los medios que en su paÃs están identificados con el sistema. También por estos lares alguna prensa que siempre se caracterizó por su obsecuencia con el imperio y con el poder en general ha creÃdo del caso aportar su granito de arena a las diatribas contra el ilustre ensayista estadounidense.
En su edición de ayer, el editorial del matutino El PaÃs se embarca con entusiasmo en la cruzada antichomskiana bajo el tÃtulo “El parricida americano”. Lo acusa de “leso patriotismo” al “envolverse en la bandera nacional para alimentar, fuera de fronteras, actitudes que (…) van a ser utilizadas por otros”.
Prosigue el editorialista en su verborrágica anatema calificando la actitud de Chomsky contra la polÃtica exterior estadounidense como una “artera puñalada descargada por sus propios hijos”. Y concluye: “Los ataques de Chomsky contra su paÃs parecieran pues estar dirigidos a atacar la subsistencia y el mantenimiento de su mismo democrático paÃs, lo que no debe considerarse, por cierto, un mérito a destacar ni un ejemplo a seguir”.
Como puede apreciarse, el colega une su voz al coro destemplado y totalitario que ve en el disidente a un enemigo, en una curiosa coincidencia con cualquier doctrina autoritaria como la de la seguridad nacional que se aplicó aquà durante doce años y que El PaÃs aplaudió con fervor.
En cuanto a coherencia, nada puede reprocharse al colega. *
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