El debate internacional sobre la guerra y sus repercusiones

Emmanuel Wallerstein, un historiador que disfruta de un enorme prestigio académico tanto en Europa como en los Estados Unidos, ha examinado en estos días, según nos cuenta La Jornada de México, las distintas hipótesis que –según cree– se han estado manejando en las cúpulas del poder norteamericano.

En materia de alianzas, existe una opción «A»: una coalición amplia con una definición de objetivos restringida. La opción «B» apuntaría más bien a la construcción de una alianza restringida tras una definición amplia de los objetivos.

Por el momento, el plan en ejecución responde a los lineamientos del primer plan: hacer que todos los gobiernos del mundo suscriban el objetivo de perseguir a Osama bin Laden.

El asunto –se pregunta Wallerstein– es cómo somete uno a Bin Laden. Hasta ahora los bombardeos contra Afganistán han logrado el respaldo tácito de la «coalición».

Los pasos siguientes plantean otros desafíos y otras opciones. La idea, insinuada más de una vez, de ampliar los bombardeos a Irak, implicaría iniciar el camino –siempre de difícil retorno– de la opción «B», con relación a la cual no se descarta que se pronunciarán varios gobiernos.

Tal como se viene perfilando el conflicto tal tipo de alianza, con pocos para ir a fondo, sólo parece contar con el respaldo de Tony Blair.

Apunta Wallerstein: De adoptarse esta hipótesis «urgirán que se adopten acciones más intensas, como ser la utilización de armas nucleares tácticas». A la vez advierte sobre la peculiar encrucijada en la que se encuentra el gobierno norteamericano: si se mantiene la opción «A» y no se logra eliminar a Bin Laden, los Estados Unidos podrían perder el apoyo diplomático que actualmente tienen.

En otro terreno de reflexión, en clave de debate intelectual abierto, en una reunión que se celebra en Valladolid, España, sobre el destino de la lengua española, el escritor Carlos Fuentes sostuvo con firmeza que «frente a la desigualdad estructural del mundo –en el que 3 mil millones de personas sobreviven con lo básico–, o se instala desde la sociedad civil una cultura humanista o este mundo tiene todas las trazas que lo lleve la chingada.(…)»

En presencia del propio Julio María Sanguinetti, el escritor mexicano sostuvo: «Todos deseamos un mundo sin terrorismo; también un mundo de justicia, en el que no haya hambre ni enfermedad. Esa es la raíz de estos problemas. Ese desorden mundial en el que vivimos, esa falta de vivienda, de salud, de trabajo (…) es lo que origina la búsqueda de fundamentalismos religiosos para darse una razón de ser. Hay un fundamentalismo de derecha y un fundamentalismo capitalista», agregó Fuentes.

Mientras en los Estados Unidos crece la preocupación acerca de la censura a los medios de comunicación que viene impulsando el gobierno de Bush, en nuestros pagos rioplatenses algunas tensiones han surgido a propósito de las iniciativas que tienen a acrecentar el papel de las Fuerzas Armadas, y en especial sus servicios de inteligencia, en la lucha contra el terrorismo. Las discusiones en Argentina han sido, en ese sentido, recias y transparentes. También en nuestro país sectores vinculados al Círculo Policial han manifestado sus preocupaciones que, por cierto, van más allá de una mera reivindicación corporativa.

Una anotación final: en el marco de estos debates no hemos encontrado un solo país ni un solo partido que haya pretendido canalizar, de manera tan tosca y tan ruda, las tensiones internacionales provocadas por la guerra, en la búsqueda de dividendos internos como ha ocurrido en nuestro país. No hay ejemplo de tal manipulación politiquera y electoralista de la dramática situación mundial, como lo han hecho algunos personajes del coloradismo que sólo piensan en cómo asegurar el continuismo. *

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