Una construcción "occidental y cristiana"
A esta altura es redundante condenar nuevamente el atentado contra las torres del WTC, pero sí decir –tratando de adelantarnos algo más en el análisis– que ninguna idea abstracta puede justificar tamaña matanza, especialmente cuando se comprende que no se trató de un ataque contra los EEUU, sino contra los valores de la humanidad y de la civilización. También un ataque dirigido –como sostiene el catedrático de la Universidad de Munich Ulricch Beck– contra los valores fundamentales del Islam.
Este concepto está determinando que el atentado terrorista suicida del 11 de setiembre siga resultando una incógnita incomprensible para muchos de los que no se subieron al carro ideológico de George Bush y los militares norteamericanos, que no dejarán piedra sobre piedra en Afganistán, con el fin de hacer pagar a «alguien» por esa barbarie terrorista, basada además en una concepción tan occidental y cristiana que sorprende por su rudimentaria construcción. Resulta sencillamente incomprensible este carácter posmoderno medieval –sigue Beck– con que obraron esos activistas de la muerte. Ser moderno, para ellos, significa temer a la muerte. Pero estos individuos se suicidan y asesinan a otros, inocentes, poniéndolos en el camino al paraíso. Nos imaginamos a estos nuevos terroristas como tecnócratas perversos con un gran sentido de la familia. Pero no terroristas religiosos, titulados en ingeniería, que se dedicaran a planificar discretamente su suicidio colectivo en forma de una matanza técnicamente perfecta que luego ejecutan a sangre fría. James Petras, en una nota publicada en la contratapa de LA REPUBLICA, analiza algunos aspectos de este tema. Se pregunta Beck: ¿Cómo hay que entender este arcaico y moderno altruismo del mal? Sin embargo, desde el 11 de setiembre –más allá de la matanza de afganos que realiza EEUU, queriendo castigar al inasible terrorismo– las cosas más simples en el mundo se han ido modificando hacia un claro cambio de la identidad social y de las formas de vida. Se habla ahora de coordinaciones antiterroristas, se reflotan tristes personajes como el uruguayo John Battaglia Ponte, a cargo hoy de la agencia privada de Inteligencia Trident Investigative Services Inc., que es dirigida por el coronel Oliver Noth, la que comenzó a colaborar con los «servicios» argentinos en el tema. Battaglia Ponte fue uno de los coordinadores del Plan Cóndor, trabajó para la CIA y para Noht. Durante el período dictatorial estuvo encargado de detectar y perseguir a los exiliados argentinos y uruguayos en EEUU y tuvo activa presencia en Paraguay y Uruguay; también junto a Noth tuvo un papel protagónico en América Central.
En otras palabras, como la coordinación para la lucha contra el terrorismo reaparece en el ámbito continental, la actividad de organizaciones mafiosas represivas creadas hace 30 años se reactiva. Son las mismas que tuvieron un especial impulso en 1980, en el cuarto Congreso Latinoamericano de la Liga Anticomunista, afiliada a la Word Anti-Communist League, WACL. A esa reunión asistió el presidente de la WACL, Woo Jae Sung, integrante de la secta Moon. Si trepados en la persecución del fantasma de la lucha contra el terrorismo reaparecen estos siniestros personajes, antes integrantes de grupos «parapoliciales» hoy enancados en una denominación más moderna de integrantes de «agencias privadas de inteligencia», es evidente que los objetivos que tratarán de alcanzar en su acción no difieren mucho de los de otrora. La lucha contra el terrorismo se convertirá, en muchos países, en la batalla contra el opositor, no contra los que pusieron las bombas en la AMIA y en la Embajada de Israel en Buenos Aires, sino contra los «piqueteros» que reclaman soluciones para no morir de hambre. En Uruguay, por estos días, se realizó una reunión zonal de «inteligencia» con el fin de coordinar acciones y rascar hasta el hueso la posible presencia de «terroristas» en la zona, lo que podría convertirse en una caza sin medida de ciudadanos que profesen el islamismo o provenientes de países de Oriente Medio.
Por la calaña de los personajes el peligro es cierto. En el mundo existe un decaimiento de las libertades que se está manifestando de muchas formas. La amenaza terrorista políticamente instrumentada ha provocado una demanda de seguridad que ha comenzado a anular aspectos de la libertad y la democracia, es decir, los elementos que han hecho superior a la modernidad que comenzamos a vivir en el siglo XXI. Si el ser humano tiene que elegir entre la libertad y la supervivencia, siendo realistas, debemos comprender que la mayoría respaldará las medidas que coartan la libertad.
James Wlfensohn afirma que el mayor reto para la comunidad mundial a la hora de construir un mundo mejor es la lucha contra la pobreza y promover una integración global. Obviamente, luego de los ataques terroristas, el crecimiento de los países en desarrollo perderá fuerza, empujando a más personas a la pobreza y la desesperación. Por ese camino no se aislará al terrorismo. Haciendo lo contrario, erradicando la pobreza, fomentando la integración y la justicia social, introduciendo a los marginados de nuevo en el marco de la sociedad mundial, lograremos los frutos esperados.
El reto es luchar contra la pobreza, aislando así al terrorismo.*
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