Todavía hablan de "desestabilización"
De nuevo el semanario de la derecha hace política barata, publicando declaraciones de un dirigente al que le hace afirmar que un futuro gobierno popular sería «desestabilizado» por «empresarios y militares».
No es la primera vez –ni la última– que Búsqueda intenta crear climas destinados a cuestionar el posible advenimiento, luego de la elección de 2004, de un gobierno de signo popular. No podemos negar que en la mente de alguno que todavía viste uniforme se mantengan perennes elementos ideológicos del pasado, cuando imperaba la «guerra fría», y los ejércitos de esta parte del mundo actuaban, como gendarmes, acallando las voces opositoras sin percatarse que eran peones de una estrategia elaborada desde el Pentágono. Fue la etapa del terrorismo de Estado, quizás uno de los períodos más negros que vivió el país.
Pero de allí a pensar que hoy los militares –que viven y sufren también en este país– actúen en contra de un gobierno porque tenga un signo distinto al blanco y colorado, es una aberración, un intento de menear sábanas para hacer creer que los fantasmas existen.
El ejemplo de Chile es aleccionante: el gobierno del socialista Ricardo Lago tiene afinidades más que evidentes con los caminos estratégicos de nuestro Frente Amplio; además, debió superar las andanadas de la derecha en favor del ex dictador Augusto Pinochet, y está a la cabeza de uno de los países más estables del continente.
Algunos pueden afirmar que el doctor Tabaré Vázquez expresa una corriente clasista distinta a la que existe en Chile y que, además, plantea una defensa del Estado, tema que en el país trasandino tuvo otro tipo de tratamiento. Ello es posible: que el tránsito de un gobierno y otro sean diferentes y exijan definiciones al parecer contradictorias, es lógico pensarlo.
Pero concluir, como se hace a través del semanario, que por ello un gobierno popular en Uruguay puede ser desestabilizado por empresarios que hoy, por obra y gracia de una política económica agotada, se están fundiendo en masa, también es equivocado.
Todos estamos libres para pensar lo que queramos, afirmando que los obstáculos en el devenir del país pueden ser de distintas magnitudes, incluso afirmar que habrá grupos que intentarán impedir que el gobierno cambie de signo.
Claro, afirmar tales cosas es no comprender lo que ha cambiado el mundo, donde los grupos «ultramontanos» sólo se están expresando desde reductos cerrados, como es el semanario Búsqueda, cuya prédica ya conocemos.
El triunfo popular en 2004 será el resultado de un acuerdo policlasista, democrático y multipartidario, del que participarán — obviamente– los sectores más avanzados de cada uno de los grupos, los que aportarán sus ideas, sumando fuerzas, para que el Uruguay no siga en manos de los «neoliberales» al servicio del capital financiero.
Aquí no se quiere expresar más de lo que está escrito. Ello es reflejo, además, de lo que está ocurriendo a lo largo y ancho del país, es lo que dicen las encuestas que ponen la candidatura del doctor Tabaré Vázquez a niveles inalcanzables, es lo que se ve en las giras «Pueblo a Pueblo».
En el país no ha aparecido una nueva utopía, sino que se está concretando una enorme movilización policlasista, de trabajadores, pero también de empresarios y productores agropecuarios, de profesionales y científicos. Una movilización también democrática, que busca en base al convencimiento, al debate, a la controversia de las ideas, los caminos para ampliar las mayorías que hoy ya serían suficientes.
Y decimos también «multipartidario», porque el movimiento popular que impulsa este gigantesco río que sigue creciendo está logrando que un día sí y otro también se le acerquen sectores políticos que no tenían en el pasado la misma visión de lo nacional.
Búsqueda está en su derecho de publicar lo que quiera, pero nosotros también estamos en el nuestro, al criticar a los que tratan de interponer fantasmas a lo que será un logro esperanzador para la mayoría de los orientales. *
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