"CONTRA LAS TENTACIONES DE ABUSAR DEL PODER POR PARTE DE QUIENES LO EJERCEN"

Protección ante el terrorismo y vigencia de las libertades

La tarea de derrotar a los responsables de los ataques terroristas del 11 de setiembre sometiéndolos a la Justicia es, a la vez, una causa completamente justa e intrincadamente compleja.

Sólo no reconocen esta complejidad quienes, por su propensión visceralmente autoritaria, se «salen de la vaina» por vigilar, controlar y recortar el ejercicio de las libertades públicas e individuales.

Las sangrientas acciones del 11 de setiembre son, sin duda, la irrupción demencial de una forma nueva de criminalidad. Ulrich Beck, el destacado sociólogo alemán de la Universidad de Munich, ha escrito en estos días: «¿Qué es lo que hace que el atentado terrorista suicida siga resultando incomprensible incluso varias semanas después?»

Para Beck nos encontramos ante un fenómeno nuevo: «el concepto de ‘terrorista’ también resulta equivocado. La masacre (del 11-9) con la que nos vemos confrontados debe distinguirse radicalmente de la violencia practicada por grupos terroristas como los irlandeses, los vascos, (…) u otros nacionalistas. No se trata de imponer metas nacionales, sino de conseguir la involución de la modernidad a fuerza de bombas, y, además, empleando los medios de la modernidad globalizada».

La naturaleza de este tipo de acciones ha venido creando un clima de creciente inseguridad, con picos altos y extendidos de pánico cuando de la posible dispersión de esporas de ántrax se trata.

Captando con agudeza las tensiones que aparecen a partir de la lucha contra el terrorismo, el penalista argentino Raúl Zaffaroni ha iniciado una serie de reflexiones que resultan de gran interés.

Zaffaroni anota por ejemplo que «más allá de que corresponde solidarizarse con el gobierno norteamericano y extremar la cooperación para bloquear el uso de medios de destrucción masiva indiscriminada, es innegable la incoherencia entre la exigencia de solidaridad contra los talibán por parte de quien los ayudó a tomar el poder, no ratifica los tratados regionales de derechos humanos y desconoce al Tribunal de La Haya».

El jurista defiende la idea de crear un estado de derecho planetario, concepto que empieza por excluir el «unilateralismo» que se arrogan los Estados Unidos desde el cual pretenden hacerle marcar el paso al conjunto de las naciones.

Las preocupaciones de Raúl Zaffaroni, plasmadas en un artículo de opinión publicado el jueves pasado en Clarín, se sintetizan en una interrogante: frente al desafío terrorista, ¿vamos a un Estado Policial o de derecho? «En todos los estados de derecho del mundo», sostiene, «siempre hubo una pugna entre la pretensión de someter a todos a la ley (el modelo ideal de estado de derecho) y la de subordinar a todos al mandón de turno (el Estado de Policía, que nunca murió, sino que quedó encerrado por los estados de derecho históricos). En definitiva, los estados de derecho no son otra cosa que contenciones más o menos exitosas de las tentaciones de abusar del poder de quienes lo ejercen. En buena parte del planeta se ha conseguido, aunque haya estados de derecho bastante maltrechos y las pulsiones de los mandones se escapen con frecuencia». En nuestros países del Río de la Plata, en los que están todavía muy presentes los atropellos y violaciones a los derechos humanos por parte de los regímenes militares del Plan Cóndor y el terrorismo de Estado, la preocupación por someter al imperio de las normas del derecho las acciones de vigilancia y contralor en la lucha contra el terrorismo son esenciales. De ahí la importancia de una discusión serena y abierta acerca de las competencias que le corresponden a cada rama del Estado y la jerarquización del papel de la Justicia, del Poder Legislativo y de la prensa. *

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