Los afganos: de aliados a enemigos
LEOPOLDO AMONDARAIN
No es lo mismo un terrorismo fundamentalista religioso que una revolución libertaria donde una nación lucha por su independencia y soberanía política y económica. Caso de los irlandeses, vascos, chechenos, colombianos, etc. Tampoco es lo mismo ni parecido un atentado frío por venganza o desquite por hechos sufridos en el pasado teniendo un odio desquiciado, que la lucha por obtener un territorio como patria definitiva caso de los palestinos que luchan por su espacio histórico. Y tampoco por lo mismo, se puede «meter» como hicieron el ministro Brezzo y don Julio María, en una misma bolsa a todos los movimientos revolucionarios.
Hay que ver las razones y finalidades éticas de cada cual. Es «pintoresco» el criterio sostenido por el Foro. Los talibán, eran «patriotas y justos» cuando mataban rusos, financiados, armados y apoyados por la CIA, y ahora pasan a ser vulgares criminales porque volaron las torres yanquis, en caso de ser ellos. Por supuesto que el atentado a las torres es un crimen indefendible y es execrable, pero lo anterior con los rusos, supongo que no sería «mejorcito». Y que yo sepa, Brezzo y don Julio no perdieron el sueño por esos hechos.
El verdadero principio es que no se produzcan guerras. Que hubiese paz con justicia y libertad para todos. Que las Naciones Unidas en lugar de hacer como Brezzo y don Julio de «valets o mucamos» ideológicos de los imperios y poderosos, sean organismos que objetivamente sirvan para hacer respetar las soberanías, particularmente de los más débiles.
Afganistán, y con esto no estoy justificando su presunto crimen, después que sirvió a los fines que Estados Unidos en la Guerra Fría financió y organizó, fue prácticamente abandonada por las potencias occidentales que no invirtieron en ella ni un «maravedí».
Los dejaron y condenaron con el abandono, después de diez años de feroz guerra libertaria contra los rusos, con todas las consecuencias del caso, desabastecimiento, miseria, hambre, sin medios materiales, ciudades en ruinas, con carencias elementales técnicas en todos los órdenes, sin apoyos culturales a su niñez y juventud (analfabetismo, etc.), con escasos medios sanitarios, por citar algunos problemas entre los muchos con los que se enfrentaban. Su pueblo para subsistir sólo se «rebuscaba» con el contrabando, el tráfico de droga y en su defecto la guerra. Si le sumamos la inexistencia de petróleo o de otras grandes riquezas que pudieran ser atractivas para Occidente, fácil es concluir que los «pobrecitos» se fundamentalizaran en las más radicales y drásticas tendencias religiosas o políticas.
No magnifiquemos la «ferocidad» de los afganos que nos cuenta la gran prensa, y minimicemos y hasta justifiquemos los crímenes cometidos por los imperios poderosos, con medios, culturas, riquezas, tecnicismo sofisticado, elementos bélicos de última generación, etc., llámese USA, Inglaterra, Francia, España, Rusia o China, etc. Ya lo hemos dicho. Crímenes han cometido y cometen a diario, todos. «El que esté libre de pecado que lance la primera piedra». Y la frase, por cierto que no es mía.
Es mucho peor se me ocurre, el crimen cometido por ricos y poderosos, que deben tener conciencia por los medios con que cuentan, de la justicia y consecuencias humanas que acarrean genocidios como el de Hiroshima y Nagasaki por citar uno de los más groseros, que también cometen quienes fueron fanatizados y usados en su ignorancia, pobreza y necesidades vitales. Estados Unidos que tanto ha invertido en la guerra del medio oriente armando a Israel, o lo que gastó en la guerra Tormenta del Desierto contra Irak y sus bombardeos criminales con misiles a la inerme Bagdad, o barriendo a sangre y fuego los Balcanes imponiendo la paz de los cementerios, hubiese destinado algún interés a Afganistán después que lo usó de «carne de cañón» contra los rusos, hoy quizá podría tenerlos de aliados o por lo menos con la ayuda humanitaria natural y técnica, como un país amigo. Tal vez se hubieran salvado las torres y las 7.000 vidas inocentes inmoladas en la propia Nueva York.
Todos los hechos políticos tienen su origen, explicación y razones.
Algunas veces son por mera ambición de poder político y económico desenfrenado, otras por odios y venganza de fanatismos religiosos y otras por ignorancias al ser usado por intereses foráneos y sus consecuencias posteriores al sufrir los olvidos, explotaciones y desprecios devengados de la propia pobreza y miseria sufrida.
Es una lástima que no se puede enmendar y rebobinar el tiempo para evitar tanta canallada y tantos crímenes en lugar de seguir «tragándonos» mentiras, exageraciones y medias verdades con que nos quieren justificar sus iniquidades los imperios. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad