No hagan olas

La rápida y contundente denuncia de la Asociación de la Prensa Uruguaya condenando la actitud del director de la Radio San Salvador de Soriano, señor Omar Andriolo, calificándola de un ataque a la libertad de expresión del pensamiento y a la libertad de prensa, es un hecho positivo que corresponde consignar.

El hecho fue ampliamente informado por LA REPUBLICA: el señor Andriolo, vinculado familiarmente a dirigentes nacionalistas del departamento, impidió, contrariando la voluntad del periodista que los había invitado, el ingreso al edificio de su emisora al ex intendente y candidato de las fuerzas progresistas a la reelección en Montevideo, Mariano Arana y al candidato departamental del Frente Amplio-Encuentro Progresista, diputado Roque Arregui.

El pronunciamiento del gremio de los periodistas tiene una importancia, en cierto sentido, simbólica. Pero refiere a un símbolo fundamental: es la expresión desde la sociedad civil, desde fuera de las estructuras del poder estatal y de los partidos, desde donde se alza una voz en defensa de la libertad y contra un atropello por desgracia demasiado frecuente en el país.

Cabe preguntarse ¿por qué un empresario de un medio de comunicación se siente con derecho a privar a sus oyentes de las opiniones de candidatos políticos que no son de su preferencia?

¿Cómo y mediante qué procedimientos obtuvo el señor Andriolo sus derechos sobre la emisora San Salvador de Dolores, Soriano?

Es imposible responder a esta pregunta sin cuestionarnos todo lo que ha sido la política impulsada desde la Presidencia de la República durante la administración sanguinettista.

El episodio de Soriano ayuda, incluso, a precisar algunos conceptos que, a menudo, el tratamiento periodístico de los problemas no contribuye a esclarecer suficientemente.

Por ejemplo, a menudo hemos hablado, desde estas páginas, del «sanguinettismo» para describir (y no definir con profundidad) la forma que asumió el gobierno de una coalición integrada por todo el Partido Colorado y el Partido Nacional, todo o prácticamente todo el Partido Nacional.

Es más, el hecho de que desde la presidencia Batlle esgrima otro estilo personal que el impuesto por Sanguinetti no purga las responsabilidades que le caben, no ya al doctor Batlle como persona, sino a todo su grupo, el Batllismo Radical, la Lista 15, en el afianzamiento del poder sanguinettista contra algunas de cuyas aristas parece estar hoy tropezando.

Sanguinetti es la última personificación de la unidad del poder conservador.

En tanto poseedores de las palancas del poder del núcleo duro del Estado, el sistema de solidaridades, secretos y complicidades del ex presidente extiende sus ramas a la esfera militar, a la burocracia estatal y partidaria, a los núcleos empresariales contratistas y proveedores del Estado, a la televisión abierta, a los diarios y todo lo demás.

De ahí surgen los «bomberos» y los «matadores de sueños» que quieren sofocar todo lo nuevo que puede potencialmente representar la gestión nada rutinaria que viene desarrollando Batlle desde la Presidencia de la República.

El lema de este amplio y complejo entramado de intereses podría ser «no hagan olas».

Ante la idea de que se investigue todas las aristas de las graves denuncias sobre el Cangrejo Rojo: no hagan olas.

Ante la clausura del «bazar sanguinettista» en Edificio Libertad y el envío a sus empleos de origen al enjambre de «operadores políticos» que por allí hormigueaban: no hagan olas.

Ante las declaraciones del nuevo ministro de Salud Pública de que el Ministerio se había convertido en un club político: no hagan olas.

Reparar y corregir el reparto entre amigos y correligionarios de la coalición (también ligaron los blancos, por supuesto) de las emisores radiales para que éstos dispongan de ellas a su antojo: no hagan olas.

Frente a la actitud de los silenciadores y los adoradores de los hechos consumados, levantamos firmemente nuestra opinión a favor de la transparencia, la innovación y la reparación de los entuertos heredados de una mala administración.

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