La furia del Liceo 12 y el abordaje ingenuo
RAUL LEGNANI
Estoy convencido de que la propuesta de análisis sociológico que voy a hacer no va a pasar a la historia y seguramente no será material de consulta en el futuro. Pero es una herramienta que he creado con el único fin de abordar la compleja situación creada en torno al Liceo 12, cuando un grupo de muchachitos se dedicó, con prolija actitud, a romper a pedradas todos los vidrios del centro de estudios.
Para ese análisis voy a crear dos escenarios o dos planos para tratar el problema: el abordaje ingenuo y el abordaje punitivo.
El abordaje ingenuo. En este plano me inclino por analizar la furia del Liceo 12, desde un punto de vista estrictamente sociológico y con aristas de psicología social.
No hay dudas de que en ese liceo existían zonas de tensión, siendo una de ellas la falta de higiene en el local y en sus aulas. Ante la exigencia de que se limpiara el liceo, las autoridades de la enseñanza no dieron respuesta. Pasaron los días y los muchachos reventaron. Siempre dentro del abordaje ingenuo, se puede concluir que esos alumnos no supieron esperar la respuesta burocrática del Consejo de Enseñanza Secundaria.
Hasta aquí todo bien, pero queda la gran interrogante: ¿por qué tanta violencia para expresar una reivindicación? El pasado jueves Jeremy Rifkin, conocido por su obra «El fin del trabajo», publicó en el suplemento Bitácora de LA REPUBLICA un nota titulada: «La vida a la velocidad de la luz. ¿Estamos mejor?». En ella se lee: «Si un niño crece en un ambiente rodeado por el rápido ritmo de la televisión, los videojuegos, los ordenadores y la constante estimulación de los medios, y se acostumbra a esperar una gratificación instantánea, tiene muchas posibilidades de que su desarrollo neuronal le condicione a un lapso de atención corto. Si aumentamos el ritmo, nos arriesgamos a aumentar la impaciencia de una generación.
Los conservadores sociales (pudo haber dicho los editorialistas de El País o el ministro Antonio Mercader), a su vez, hablan del ascenso del cinismo, y lo achacan a la pérdida de una brújula moral y de los valores religiosos. ¿Se ha molestado alguien en preguntar si la cultura de la hipervelocidad nos está haciendo a todos más impacientes y menos dispuestos a escuchar y aplazar, a considerar y reflexionar? Ya están comenzando a aparecer nuevos patrones de comportamiento antisocial relacionado con el estrés, y con implicaciones alarmantes. Furia en el trabajo, furia en la carretera y furia en el aire (pudo haber dicho furia en el Liceo 12) se han convertido en parte del léxico popular conforme más y más gente manifiesta su estrés con brotes de violencia en el trabajo, en el coche o incluso en los aviones. En la cultura del clic, clic, no debería sorprendernos el que todos nos inclinemos cada vez más a una respuesta violenta».
Si a esta fina reflexión le agregamos que en enseñanza secundaria existen, además de falta de recursos, limitaciones a la libertad de reunión y de expresión de los estudiantes (como es el famoso estatuto de la dictadura aún vigente), se podría estar explicando ese «momento de locura» que vivieron esos muchachos, que llegaron al extremo de romper su propio liceo, situación que jamás se vivió en la década del 60 cuando la insurgencia estudiantil. Y que no se expresó en el liceo del Cerro, donde la protesta no sólo fue más meditada, sino que tuvo como forma de expresión central el cuidado y el mejoramiento del centro de estudios.
Es de esperar que este tipo de reflexión u otra similar, debería estar en la agenda de las autoridades del Consejo de Enseñanza Secundaria, antes de precipitarse en cualquier paso relacionado con las sanciones, que seguramente se deberán aplicar.
Como también se deberá tener en cuenta que el mundo de los adultos no es el mejor ejemplo para las nuevas generaciones. Particularmente si tenemos en cuenta que en la ANEP faltan decenas de computadoras que se perdieron en el mar del olvido, que en la Armada se perdieron miles de municiones y que por ello un marino se suicidó y que en el Palacio Legislativo, a algunos diputados se les fue mano cuando llegó el momento de montar sus equipos mediante el mecanismo de los pases en comisión.
El abordaje punitivo. Otra forma de acercarse a los incidentes del Liceo 12 es empezar a buscar responsables dentro de la lógica de la conspiración, donde el educador se transforma en un investigador, en el Sherlock Holmes del sistema educativo. Postura que no tiene ideologías, por cierto. Ya hay gente pensando y haciendo pensar que por allí andaban los neoanarquistas y radicales de izquierda haciendo de las suyas. Pero también están los otros, los que creen que infiltrados de la derecha provocaron la salvajada para desprestigiar al juez que legitimó las ocupaciones estudiantiles, durante el conflicto en el liceo del Cerro.
¿Cómo abordamos el asunto? Sin descartar ninguna de las dos formas de abordajes, es claro que las autoridades de la enseñanza deben comprender que en última instancia el abordaje ingenuo que proponemos (puede ser otro pero con el mismo talante, por favor), es el más importante y el que va a determinar siempre que haya campo para la acción provocativa.
Y ya que el consejero Jorge Carbonell habló días pasados de que en los colegios privados se expulsa a los alumnos repetidores, sería bueno que se estudiara con seriedad por qué también se expulsa a los muchachos difíciles (con problemas de conducta) en la enseñanza privada, los que después terminan en los liceos públicos, donde por falta de presupuesto es imposible ayudarlos de la forma que corresponde.
Que prime, entonces, la ética del educador (el abordaje ingenuo) y no la ética del sancionador (el abordaje punitivo), para que estos hechos no vuelvan a ocurrir. *
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