El ruinoso resultado de las privatizaciones
La recolección de firmas en defensa de ANTEL –impulsada por organizaciones políticas progresistas y el movimiento sindical– tiene como gran mérito el de ser un intento serio y sistemático de analizar libre y democráticamente las privatizaciones por parte de la ciudadanía. La realización de una consulta plebiscitaria en conjunto del cuerpo electoral permitiría discutir a fondo las experiencias que en distintos países– se ha tenido en materia de privatizaciones, permitiendo disipar las confusiones que pretenden igualar la idea de actividad privada como signo de desarrollo económico y la de acción del Estado como expresión de ineficiencia. Una aproximación objetiva, sobre la base del análisis específico y no sobre los siempre resbalosos «criterios generales», observando una a una, las operaciones de pasaje a la esfera privada suelen mostrar una sintomatología más o menos parecida.
En primer lugar, las consideraciones realizadas en estos días por el diputado del Partido Socialista Francés François Loncle, recogidas en una nota del diario porteño Clarín. El legislador forma parte de la amplia mayoría de responsables políticos que defienden la participación del Estado en la gestión económica. En aquel país, el Estado tiene una participación mayoritaria en 1.500 empresas y minoritaria en 1.300. Resultan rentables para el erario ciertas empresas estatales –como la del gas (GDF), por ejemplo– y también la empresa de Correos, los ferrocarriles, los aeropuertos, la industria nuclear, la mayor parte de AIR FRANCE, France Telecom, etc. Así como la tenencia de porciones significativas en la fábrica de automóviles Renault, la empresa de computación BELL, entre otras. La experiencia de Francia se contrapone a la del Reino Unido en los sombríos tiempos de la furia privatizadora de Margaret Thatcher. El reciente triunfo del laborista Tony Blair, que no es un izquierdista precisamente, ha sido acompañado por una movilización ciudadana en favor de la estatización de los ferrocarriles, privatizados por la «dama de hierro».
La explotación privada de los servicios ferroviarios ha tenido como consecuencias:
1º Un crecimiento vertiginoso de los accidentes que alcanzaron, en el último año, un triste registro histórico: 45 muertos, 145 heridos de gravedad.
2º La falta de mantenimiento por parte de los operadores privados ha dado lugar a un rápido deterioro de la infraestructura.
3º El desgaste de las instalaciones básicas ha llevado al reclamo de cuantiosos subsidios. Entre 1997 y 1998 la red consumió 2.600 millones de dólares aportados por el Estado.
4º La otrora famosa puntualidad de los trenes británicos se ha ido esfumando rápidamente. Sólo uno de cada tres trenes llega puntualmente. Uno de cada ocho no termina su recorrido.
Otra fuente de interés para realizar un balance de las privatizaciones proviene del matutino carioca Jornal do Brasil. Se trata de una nota exclusiva que difunde los términos de un informe del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU).
Según el documento, las privatizaciones brasileñas han contribuido decisivamente a achatar la renta nacional haciendo que la participación de la masa salarial en el Producto Bruto Interno que era del 45% en 1992 cayese al 37% en 2000.
Entre otras cosas, el informe del TCU enfatiza que «el nuevo modelo del sector eléctrico, basado en la participación del capital privado se mostró ineficaz para evitar la grave crisis de abastecimiento de energía». También la privatización en el sector telefónico muestra graves insuficiencias en la atención de los usuarios, en especial los pequeños consumidores.
En su conjunto, las privatizaciones de empresas estatales o federales brasileñas no proporcionaron recursos significativos para abatir la deuda pública. Los 87 mil millones de dólares obtenidos constituyeron apenas el 15% de la deuda. *
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