El IRA y las FARC
LEOPOLDO AMONDARAIN
Es noticia que el 11 de agosto fueron arrestados en Bogotá tres irlandeses. Según parece miembros del IRA que estarían enseñando a fabricar explosivos, petardos y afines a las FARC. Los ingleses y sus partidarios protestantes han tomado el hecho como motivo de «alejamiento» en las tratativas de paz con los católicos nacionalistas irlandeses, «escandalizados» por el hecho. Se agrega que esto es un índice del IRA para negarse a entregar las armas y hacer la paz al contactarse con grupos subversivos vinculados incluso al narcotráfico, según tesis de la rubia y democrática Albion. Mirado con la frialdad y equilibrio objetivo de la distancia, merece comentarios y sacar algunas conclusiones.
Resulta gracioso este sarampión ético que le brota nada menos que a los ingleses y sus simpatizantes sobre el tráfico de drogas. «Este negocio» no es justamente desconocido para Inglaterra y su añeja monarquía. Por cierto que desde la época en que dominaban y manejaban el pingüe tráfico del opio en China; y el día que el gobierno chino dijo basta, le organizaron una feroz y brutal guerra en la que diezmaron todo a su paso a sangre y fuego, que no les molestaba la «conciencia» el problema de la droga. Que yo sepa, el opio nunca fue inocente sahumerio precisamente.
En segundo lugar se alega por los ingleses que los irlandeses inventaron una superbomba con efectos de un «pequeño artefacto nuclear». O sea, estos irlandeses según parece, serían la reencarnación de los Von Braun (creador de la bomba atómica) y tomarían a Colombia como territorio de pruebas nucleares.
En buen romance, de ser cierto, pasarán tanto las FARC como el IRA a integrar el «club atómico» con los grandes imperios. Tragicómico.
En tercer lugar, que nacionalistas europeos que luchan por la libertad de su tierra y de su patria, dialoguen con sus pares americanos que luchan por la independencia de la suya contra el imperio y sus oligarquías vernáculas asociadas que los explotan y hambrean, no tiene nada de original. Yo diría que es un resultado natural. No iban a venir los irlandeses océano mediante, a conversar con el intrascendente De la Rúa o con nuestro divertido presidente don Jorge.
En cuarto lugar, el peligro bélico, tanto para Inglaterra como para Colombia o América, que esta gente intercambie «impresiones», es por cierto, mucho menor que los bombardeos a Kosovo y su guerra de Los Balcanes, donde los ingleses con los yanquis en aras de la paz, arrasaron con sus aviones de combate y sus misiles alevosos cuanto encontraron a su paso; y eso no es un invento disparatado; fue real.
En quinto lugar, bueno sería que se concrete cuál es el delito que el trío irlandés cometiera en Colombia, más allá de las presunciones. Hasta ahora inventar una superbomba suena a ridículo.
En sexto lugar se alega sobre las vinculaciones de las FARC sobre la droga. Sin perjuicio de que pueda ser cierto, no pasa también de presunciones. Lo que sí es real y probado es que las FARC no nacieron con la droga. Surgen como un movimiento social revolucionario contra la corrupción y la entrega del ser nacional colombiano con sus riquezas por parte de sus políticos y oligarquía vernácula al imperialismo yanqui.
Algo, por cierto, nada raro en Indoamérica.
En séptimo lugar, ¿qué tiene de extraño el diálogo, simpatía o afinidad entre los que opinan o piensan en forma similar políticamente? Es lógico que un nacionalista del mundo sienta identidad espiritual e intelectual con los irlandeses, vascos, mexicanos, zapatistas de Marcos, con el chavismo venezolano, con los chechenos, con Arafat y el martirologio de su pueblo palestino y se incline y encuentre argumentos harto justificantes en la lucha nacional libertaria de las FARC contra el imperio.
En octavo lugar, quien haya echado una mirada en este conflicto irlandés se percatará de que siempre quienes buscaron romper acuerdos y provocar las confrontaciones más radicales, fueron los protestantes, particularmente de la Orden de Orange, apoyados por Inglaterra contra los católicos nacionalistas que son mayoría, y que han sido perseguidos en su propia tierra.
Y por último, no es inventar nada nuevo, el decir que jamás habrá paz sin libertad. Los irlandeses quieren la totalidad de su tierra soberana.
La conseguirán, como la consiguieron en la década de los veinte con su otra mitad de la verde Erin. Arriba los que luchan. *
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