Llegan los chinos
MARCELO JORGE FILOMENO
Por diveras vías se está manifestando el creciente interés de China en nuestro país y en muchos países de América Latina. Esto, que se venía intensificando en los últimos años, tuvo un hito importante con la visita del presidente de aquel enorme e increíblemente poblado país, realizada recientemente a varios países del continente americano. Como correlato también se multiplican las visitas de gobernantes y empresarios, de aquí y de todo el mundo, a los asiáticos. La solicitud de ingreso a la Organización Mundial del Comercio pretexta la intensificación de toda clase de vínculos con aquella potencia, encabezados por los de carácter comercial, pero extensivos obviamente a otros ámbitos: culturales, científicos, turísticos, deportivos, etcétera.
Paralelamente, se acrecienta el interés en inversiones y/o emprendimientos de carácter productivo, según informaciones periodísticas, habiendo varios proyectos en curso en los departamentos de Durazno, Río Negro y Soriano, esperados con expectativa en virtud de la crisis de desintegración nacional a que nos conduce la falta de trabajo. En todos esos proyectos se ha de haber pensado pues, por sus impulsores, en generar puestos de trabajo para los uruguayos, salvo cargos gerenciales y/o de alta calificación y conocimiento de la producción de que se trate, como podría suponerse. No obstante, hemos tomado conocimiento de que, en ocasión de la visita del presidente chino, algunos integrantes de su comitiva se interesaron, en el litoral argentino, por realizar una obra de ingeniería para rescatar zonas hoy despobladas, por sus características geográficas, planteando como contrapartida a los argentinos la radicación de 2.000 o 3.000 chinos en el lugar, constituyendo colonias de trabajadores. Lo expuesto se corresponde con la información periodística relativa a la solicitud a efectuar –o ya efectuada– al presidente Batlle, por parte de un empresario de aquella nacionalidad, para radicar algo así como 300.000 familias en todo el Uruguay, preferentemente en el campo, donde invertirían en tierras y maquinarias. Lo que se dice un verdadero éxodo del pueblo oriental (de China) al Uruguay.
La bomba neutrónica neoliberal
La bomba de neutrones, sofisticada arma que extermina poblaciones enteras dejando intactas las construcciones de las víctimas, aun cuando no llegó a aplicarse por suerte en el campo de batalla, inspira sin duda a los tecnócratas neoliberales, al servicio de la fase más salvaje del capitalismo –la monopólico financiera–, para provocar migraciones individuales y colectivas que permitan, en primer lugar, succionar la riqueza de los países dominados, incluido su capital humano, para posteriormente proceder a su recolonización, en un convenio ¿tácito? del cual participan los poderosos del mundo. Desde que Adam Smith escribió «La riqueza de las naciones», pasando por Roberto Malthus, quien, exarcerbando la teoría, admitió que, según sus concepciones, sólo una minoría podía sobrevivir sin hacer peligrar los recursos naturales de la humanidad, hasta los economistas de la «Escuela de Chicago», ha habido, discípulos no sólo teórica sino pragmáticamente relevantes de los verdaderos padres fundadores de la doctrina económica neoliberal. Así, en su momento, en la década del 60, el entonces presidente del Banco Mundial, Robert Mac Namara, dedicado con especial énfasis a promover campañas anticonceptivas y de esterilización en los países pobres, de modo de crear condiciones más favorables para la dominación por los ricos. Así, en el plano doméstico, un ex ministro de Economía del Uruguay –al que nadie nunca votaría– se da el lujo de extenderle verbalmente una partida de defunción al sector agropecuario, determinada en todo caso por su decisión político ideológica, como gobernante, de instalar el atraso cambiario. Son verdaderos genocidas, cuyo objetivo es vaciar de gente a países como el nuestro.
Los nuevos colonizadores
En el contexto descripto se intensifica pues la presión de los gigantes asiáticos, con mucho territorio pero también con mucha gente, para «colocar» grandes sectores de población en otros países, preferentemente los dotados naturalmente –como el Uruguay o la Argentina– con grandes recursos, teóricamente necesarios para satisfacer con creces todas las necesidades humanas, comenzando con la elemental para la vida: la alimentación. Ya Japón incursionó en el ámbito productivo, por su carencia de territorio apto para la agricultura, «exportando» hacia la metrópoli productos del agro uruguayo, como asimismo nos ha ofrecido la «emigración» de contingentes de jubilados hacia estos países, con buen aporte de dinero para la vida cotidiana. Ahora China, con sus casi 1.500 millones de habitantes, pone sus ojos en nosotros.
Este proceso, que comienza lentamente, tendrá en algún momento su aceleración, en tanto continúe la situación de crisis por la que atravesamos y nos gobiernen mentalidades como la del ex ministro referido. Es razonable pensar que, si los uruguayos se van, los orientales tarde o temprano llegarán, aun cuando no los invitemos. Y los que quedemos –incluidos los responsables de la pobreza y emigración– les serviremos. La nueva colonización está en la lógica de los hechos… *
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