La razón de los débiles
Los fenómenos políticos no surgen por generación espontánea. Todo tiene su explicación, su desarrollo y sus consecuencias. Y por supuesto, la razón como la culpa, rara vez radica de un solo lado.
Los órganos internacionales jamás sancionarán a un grande contra un chico y la prensa internacional como la interna, salvo excepciones, culparán a los pequeños y débiles de todos los males, crímenes, terrorismos, presecuciones, etc.
Como consecuencia, a quienes se nos ocurre la peregrina y loca idea de defender a los de «abajo» se nos endilgan apodos tales como «defensores de criminales», «apologistas del terrorismo», «amantes de los totalitarismos», etc.
Obviamente, los imbéciles que así opinan, sólo se guían por la «gran prensa» que como se sabe responde a intereses multinacionales e imperiales políticos y económicos.
Las razones de las naciones pequeñas son como campanas de palo: no tañen. Por ejemplo el tema del independentismo vasco que lleva cientos de años de diversas confrontaciones no se resuelve en meras charlas de café.
Por supuesto la ETA ha cometido horrores y España por cierto, a lo largo de su historia con los vascos, sin olvidar lo hecho en América, laos hizo muchísimos peores.
Acá nos llega sólo la versión hispana. Hurgando entre líneas, podemos llegar a la versión eskalduna y pone los «pelos de punta».
Ese conflicto sólo se arregla, con sus naturales altibajos, dándole la libertad y soberanía al País Vasco.
Lo mismo los irlandeses. De chicos, en películas y versiones periodísticas nos contaron de los crímenes del IRA. Nadie menciona jamás las culpas de uno de los peores y más crueles imperios de la historia, no obstante su reconocida habilidad y talento para mantenerse diplomáticamente, como es el inglés. Se les pide a los irlandeses que entreguen las armas para que haya paz. Macanudo. El Sinn Fein debe quedar inerme. Pero en cambio los ingleses no entregan nada equivalente.
Es otro caso en que el conflicto carecerá de arreglo hasta que no se haga lo que se hizo con la otra mitad de Irlanda en los años veinte, otorgando la libertad a la totalidad del viejo Erin.
Hace poco ponderé a esa emblemática y gran figura de Arafat por defender el legítimo derecho del pueblo palestino a sus territorios históricos. Entre otras cosas sostuve –y no me arrepiento– que si no hubiese petróleo debajo de ellos, nadie les llevaría el apunte y los árabes en general y palestinos en particular tendrían sus territorios y Santas Pascuas. Y dije también que Israel, que obviamente tiene derecho hasta por razones milenarias a su respectivo (y no más) territorio, es el gendarme de occidente que «cuida» que el petróleo árabe no caiga en «malas manos». Ya sé que Israel no tiene oro negro propiamente dicho, pero pueden llegar «caminando» donde está. Son vecinos.
Los crímenes y horrores los cometen ambos bandos. Tan estremecedora es la foto del padre judío llevando su hijo en brazos, muerto y ensangrentado por una bomba terrorista, como la de la madre palestina con su bebé muerto de un balazo en la cabeza por un certero disparo del ejército israelí. Todos son crímenes.
Pero a nuestras costas sólo llega una versión. No conozco prensa palestina. Sólo he visto, cuando se les escapa, alguna foto de jóvenes palestinos a pedradas con hondas como en la época del rey David, responder a tropas profesionales con armas automáticas y helicópteros artillados de Israel. Yo trato, no sé si lo consigo –en caso negativo pido disculpas por la pasión puesta– de ver la razón de los débiles. Como decía aquel gran filósofo que fue Discépolo en el texto que el gran «Carlitos» inmortalizara: «la justicia se da por moneditas y la razón siempre la tiene el de más guita». *
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