Resistir la rebaja salarial
Las propuestas en contra de los derechos de los trabajadores son como la moda: cuando alguien las inicia, los demás se suben a ella y se empieza a generalizar.
Y ello está pasando en este año y medio de gobierno con la rebaja salarial.
Cronología de las propuestas de rebaja
Primero: El 8 de marzo de 2000 a pocos días de asumir el nuevo gobierno, el ministro de Economía sugirió a los empresarios que era necesario reducir el salario real de manera de hacer más competitiva nuestra economía.
Y dijo que para dar certidumbre a los empresarios para que lo hicieran, iba a empezar por casa rebajando los salarios públicos.
Segundo: En el presupuesto 2001 a 2005 nuevamente se puso en marcha una rebaja salarial para los funcionarios públicos y nos exceptuamos aquellos que dimos una gran batalla callejera como entre otros, los universitarios
Tercero: En muchas ramas de actividad como la salud privada, como las empresas públicas, como sectores de la industria, los empresarios han propuesto rebajas salariales, algunas de las cuales han sido frenadas por la lucha de los trabajadores.
Cuarto: en centenares de empresas que no tienen negociación colectiva y están desprotegidas por la prohibición de la actividad sindical, hace meses o años que no hay aumentos salariales, coexistiendo en el Uruguay de hoy salarios en limpieza, seguridad o vestimenta de 8 a 10 pesos la hora.
Quinto: La frutilla de la torta es la propuesta argentina de llegar a déficit cero pagando sólo lo que alcance de sueldos y jubilaciones; en Uruguay ya se oyen voces que quieren imitar el ejemplo argentino, con argumentos tales como: si los funcionarios públicos no son afectados por el desempleo ya que tienen inamovilidad, que aporten una parte de sus salarios.
Los fundamentos de la necesidad de la rebaja
El fundamento central es mejorar la competitividad del país, por ende hay que bajar los salarios privados para que los costos se reduzcan y hay que bajar los salarios públicos para que el costo del Estado sea menor y por ende los impuestos más bajos.
Empecemos por los salarios privados.
Para la mayor parte de las actividades exportadoras los salarios son un porcentaje menor del costo de producción. Son entre el 6 y el 8% en la industria frigorífica, entre el 12 y el 18% en la industria láctea y menos aún en otras ramas como el arroz o la forestación. Por ende una rebaja salarial, por más significativa que ella sea, poco influye sobre los costos de producción.
La recuperación de la competitividad en serio y estructural es un problema de mejora en la ciencia y la tecnología y en procesos dinámicos de inversión. Pero ello demora mucho y con las políticas de este gobierno que generan tanta incertidumbre entre los empresarios, demorará mucho más aún.
Por lo tanto es necesario tomar medidas para reducir otros costos tanto privados como públicos. Y como el fundamento de la rebaja de salarios públicos es el de reducir el costo del Estado para reducir los impuestos, vayamos a ello.
Las formas de reducir el costo país para los empresarios productivos
Lo primero que hay que analizar es si no es posible reducir otros gastos del Estado que no sean los salarios públicos de la mayor parte de los funcionarios contratados.
Y lo primero que nos salta a la vista es:
* el gasto del Ministerio de Economía y Finanzas que supera los 100 millones de dólares, siendo el Ministerio del área administrativa (es decir no realiza políticas sociales ni productivas) de mayor gasto público;
* el gasto no salarial en Defensa Nacional que es del orden de los 150 millones de dólares, es decir el país gasta en rubros no salariales de la defensa nacional, lo mismo que el total del gasto sumado del Poder Judicial y el Iname;
* el gasto en Relaciones Exteriores que ha mostrado una brutal falta de capacidad para desarrollar y hacer conocer a nuestro país que es del orden de los 50 millones de dólares;
* ni hablar de la poco conocida y larga lista de consultorías y contratos de obra con suculentos salarios en dólares muchas veces para hacer lo que ya está hecho.
Lo segundo es si no es posible reducir los impuestos a la producción y al consumo, aumentando los gravámenes a sectores que se la llevan de arriba en materia tributaria.
Todos sabemos que un asalariado con un ingreso medio que consume todo su ingreso, de cada 100 pesos que cobra, sólo puede gasta 60, pues 40 pesos (sí el 40%) se lo lleva la presión tributaria en impuesto a los sueldos, aportes jubilatorios, IVA e Imesi.
En cambio quien gana mucho dinero por actividades no salariales como rentas financieras o inmobiliarias y, además, por tener un alto ingreso ahorra una parte, como los ingresos no salariales no están gravados y el ahorro tampoco, sólo contribuye al fisco con el 10% (si el 10%) de sus ingresos.
En síntesis, quien gana más aporta menos y por lo tanto es posible reducir la carga al consumo y mejorar la competitividad de nuestros productos abaratándolos por medio de gravámenes a los ricos y enriquecidos del país, que casi nada aportan al fisco.
Y esto que pasa entre las personas igualmente pasa entre las empresas, ya que las empresas productoras de bienes agropecuarios e industriales tienen una alta carga tributaria y tarifaria, mientras que los bancos y las grandes superficies comerciales tienen una muy baja presión tributaria y tarifaria.
Pero además, como ya hemos demostrado en artículos anteriores todos los salarios que se pagan en el país son el 25% del ingreso nacional y si sumamos jubilaciones, e ingresos de cuentapropistas y otros, podemos llegar al 50%: Y por lo tanto nosotros nos preguntamos:
¿Por qué el gobierno en lugar de preocuparse por bajar los salarios que son una parte menor del ingreso nacional no se preocupa un poco de bajar los ingresos de los sectores más ricos? Por ejemplo bajar los intereses que se cobran en las tarjetas o en los bancos en el crédito o los arrendamientos o las ganancias del capital.
¿Por qué el gobierno no actúa sobre la larga cadena de intermediarios, incluidos los financieros, que encarecen nuestros productos y se llevan una tajada creciente de nuestro ingreso nacional sin volcarlo a más consumo o más inversión?
Porque la rebaja salarial además resiente el mercado interno y hace que los comercios, los servicios y las industrias que viven del mercado interno deterioren su posición en beneficio de las grandes corporaciones económicas.
¿Será ese entonces el objetivo de la política de rebaja salarial?
Seguramente sí y por ello hay que resistir con la única herramienta que tenemos: la movilización social y política. *
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