Moral colectiva y moral individualista
Es tan obvio que casi no necesitaría una formulación expresa, afirmar que para el Encuentro Progresista-Frente Amplio resulta esencial la custodia y la expansión de una moral colectiva que siempre ha sido uno de sus sustentos principales. Hoy esa labor es aun más importante que nunca, ya que debe enfrentar con la mayor energía a la moral individualista y egoísta que la omnipresente mundialización ultraliberal pretende imponer.
La expansión de aquella moral colectiva, en el mayor grado posible, es indispensable para lograr su inserción cabal en el pueblo, tanto en los sectores que ya han adoptado una postura progresista, cuanto en los que son proclives a ella y están en condiciones de compartirla por razones cuyo estudio desbordaría ampliamente los límites de esta nota periodística. Si el 31 de octubre de 1999 el EP-FA se constituyó en la primera fuerza política de la República, y en el balotaje la adhesión ciudadana al candidato de la nombrada fuerza trepó al 45,9% del electorado, no mucho falta para alcanzar la mayoría absoluta de la ciudadanía.
Pero nada más lejos de nosotros que hace extemporáneos cálculos electoralistas imperdonables, considerando que todavía faltan más de tres años para los próximos comicios y nuestra sociedad aquí y ahora padece una crisis tal vez sin precedentes, cuyas manifestaciones son tan conocidas como sufridas y angustiantes.
De lo que se trata en realidad, es de comprender lo ineludible de las responsabilidades y la puesta en marcha de las luchas tendientes a neutralizar, o más modestamente mitigar por el momento, el peso que agobia al país.
Creemos que en esta adecuada posición se encuentra el EP-FA, que ha propuesto hace pocas semanas un conjunto de medidas que, como bien se ha dicho, ha sido criticado duramente por el gobierno sin estudio, sin debate y sin expresar razones sino meros adjetivos adversos emitidos sin siquiera tomarse la molestia de fundamentarlos. En estas circunstancias es absolutamente necesario movilizar a todas las fuerzas sociales que necesitan el cambio indispensable.
Para alcanzar tal objeto, preciso es no olvidar que entre los partidarios del cambio siempre hay una multiplicidad de motivaciones diferentes. Por tanto, ello habrá de tenerse en consideración, y además tener en cuenta que cuando hay una tarea a realizar (¡y qué tarea en este caso!) cada uno debe hacer aquello para lo cual está dotado.
En un extremo encontraremos a quienes adhieren al cambio basados en la razón, los valores y los sentimientos solidarios, por ejemplo un intelectual que actúa por móviles sinceros y plausibles y no aportando un simple gesto orgulloso de los que refiere Francis Jeanson al calificar –o mejor dicho, descalificar– a Hugo, uno de los personajes de Las Manos sucias de Sartre.
En el extremo opuesto hallaremos a otros, como por ejemplo los parecidos al personaje sartriano que se opone a Hugo y que le dice a éste: «Pues nosotros, amigo mío, si hemos entrado es porque nos moríamos de hambre». Y entre ambos extremos, naturalmente, existe una gran cantidad de matices.
Lo antedicho significa que en la ardua tarea es menester usar mucha flexibilidad, penetración y comprensión, lo que no resulta sencillo. Es decir, la gran tarea no puede realizarse con recetas simples o catecismos presuntamente ideologizantes, sino que es algo mucho más complejo y sutil, y en consecuencia materialmente imposible de detallar en este artículo. Nadie debe creer o esperar razonablemente que la lucha de hoy y la del futuro sean fáciles.
Sin embargo, son totalmente imprescindibles y no toleran postergaciones. *
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