El déficit cero y la estabilidad democrática
LEON LEV
La salida a la actual crisis pasa por buscar consensos que reflejen a las mayorías nacionales.
El agravamiento de la situación social es notorio. La desocupación trepa y trepa. No sólo creció en más de un 20% en el último año, llegando en mayo al 15,6%, sino que el propio ministro de Trabajo reconoce que las próximas mediciones irán in crescendo .
Frente a esta situación se ubican dos conductas claramente diferenciadas.
las fuerzas progresistas de izquierda proponen un Plan de Reactivación Productiva y un Plan de Emergencia de Ayuda Social, en consulta con la sociedad civil, central de trabajadores, cámaras empresariales, Universidad de la República, sectores religiosos.
Lo llamativo es la amplitud de los actores sociales y productivos que acudieron a la presentación del PLAN y la actitud de respeto frente a la respuesta. De alguna manera es una legitimación de una fuerza política como posible futuro gobierno.
Las encuestas la ubican como la primera fuerza política individual con un 44% del electorado y en crecimiento, frente al decrecimiento del P. Colorado del 32 % al 23% y el P. Nacional del 22% al 15%, fortaleciendo la tendencia histórica de superación constante y sistemática.
Pero en lugar de hacer la plancha y esperar a que el gobierno de coalición se deteriore, busca involucrarse, hace propuestas, procura evitar que la situación se descomponga. Porque la fuerza del cambio crece dentro de la estabilidad democrática. No pide cargos pero exige poder controlar el funcionamiento del Estado. En un momento de inestabilidad regional procura reforzar la institucionalidad democrática dándole un contenido de justicia social.
La conducta democrática de las fuerzas de izquierda progresista es una garantía de equilibrio, que aspira a canalizar políticamente las expectativas y evitar estallidos sociales, que se agotan en sí mismos, en episodios espasmódicos pero sin acumulación de fuerzas.
los sectores del capital financiero especulativo plantean profundizar el actual modelo, agudizando sus aristas de concentración y exclusión social.
Al mirar el proceso argentino, en lugar de condenar el método de las privatizaciones irracionales, con su secuela de corrupción y altos costos sociales, elogian el paquetazo brutal de López Murphy, que duró un lirio, por la amplísima oposición del sistema político y los sectores sociales afectados. Por ello lo invitan próximamente a dar una conferencia en nuestro país.
Pero además, en lugar de buscar atenuar los picos de la emergencia social, proponen utilizar el salario público como variable de ajuste.
«Debemos apuntar a una reducción paulatina del peso de la masa salarial del sector público en el conjunto de la economía».
Ir rebajando los salarios públicos aun cuando ya se vienen deteriorando sistemáticamente, en especial los de la Administración Central, tanto de civiles como de policías y militares, así como de docentes y funcionarios de la Enseñanza.
En buen romance, cortar la soga por el hilo más delgado.
¿Cuáles son los sectores que hoy mantienen rentabilidad positiva?
¿Por qué nunca atacan el alto spread bancario que permite dicha rentabilidad?
Por supuesto que todos desearíamos un déficit 0, pero aumentando los ingresos fiscales fruto de la reactivación productiva, reduciendo la evasión fiscal, manteniendo una seguridad social de acuerdo a nuestras tradiciones democráticas y atenuando las tensiones que genera un proceso de desintegración social.
Las dos actitudes tienen efectos contrapuestos.
apunta a la profundización democrática con equidad social.
, beneficia sobre todo al sector superior de la sociedad. La liberalización indiscriminada y la desregulación propuestas, el déficit 0, mejoran la situación del 20% de la población que percibe más ingresos. Cuanto más cerca están de la cumbre, más ganan. La misma ley se aplica, a la inversa, al 80% restante: todos pierden algo; quienes están en peor situación son los que, proporcionalmente, más pierden.
Por eso la estabilidad democrática pasa por reconocer la opinión de las mayorías.
El gobierno debiera dejar la soberbia, en particular su ministro de Economía y Finanzas, para buscar soluciones que contemplen las opiniones de los sectores golpeados por la crisis y no meramente agradando a los oídos de los dueños de los mercados.
El capital financiero especulativo, los llamados «mercados», buscan un rediseño de la Nación, que le quite contenido democrático al Estado, reduciéndolo meramente a su condición de «juez y gendarme».
En épocas de crisis es cuando se ven claramente las actitudes de los distintos proyectos de país. El presidente de la Asociación de Bancos de Argentina definió con transparencia su aspiración: menos Estado para controlar la economía y más para controlar los reclamos sociales.
Nuestra visión no es estatista, pero busca hacer del Estado un escudo de los débiles, que contribuya con su esfuerzo a crear salidas dentro de las limitaciones existentes, y oponiéndose a la voracidad sin límites del capitalismo salvaje.
Más que siempre construyamos consensos democráticos con un espíritu de solidaridad, justicia social y fortalecimiento de la institucionalidad democrática. *
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