América
LEOPOLDO AMONDARAIN
Nadie a conciencia ha querido medir las primeras declaraciones del presidente Cardoso, brasileño, sobre la Argentina. Fueron las reales y verdaderas. A raíz de sus dichos como consecuencia, las reacciones porteñas se hicieron esperar indignadas, motivando el bajar los «desibeles» atemperando las mismas. Pero lo primero y sentido fue prevenir sobre la inminencia del peligro de un rompimiento institucional argentino. No lo digo yo. Lo dijo él y vaya si tiene razones y medios para no «macanear» ni exagerar. ¿Qué está empezando a pasar o a concretarse en América? La tesis del «cansancio de los metales» comienza de nuevo a darse en nuestro continente.
Después de la etapa de los gobiernos militaristas, que apoyados por el imperio terminaron con los levantamientos populistas y revoluciones nacionalistas de izquierda, sobrevino una «calma chicha» producto de la conveniencia de los yankis de mostrar al mundo cómo su gran estancia latinoamericana era un vergel de orden y progreso.
Se iniciaba otra etapa. Sobrevinieron los Mercosures, Alcas, etcétera, y las políticas globalizantes. En los hechos una variante inteligente para seguir explotando los países subdesarrollados con formas más disimuladas pero no menos contundentes. La miseria, las depredaciones, las explotaciones por parte de la oligarquía vernácula en beneficio propio y derivado posteriormente a las arcas del imperio yanki y los grandes bloques económicos mundiales de las riquezas de los pueblos americanos que no sólo no prosperaron sino que se han ido agravando sus angustias y sus necesidades se fueron multiplicando.
Los escándalos políticos, con sus corrompidos sistemas de gobierno, se fueron repitiendo en grado superlativo. Presidentes presos y condenados con años de reclusión por apropiación indebida de dineros públicos se hicieron uso y costumbre en el continente. Collor de Mello, Andrés Pérez, los «escapados» Fujimori y un rato antes A. García, ahora Menem y otros que se salvaron de «lástima» pegándoles en el palo, son perlas de un collar que se va haciendo costumbre interminable desacreditando el sistema y los políticos que la integran, con razón. A los yankis, esto tampoco les sirve. No pueden mostrar al mundo que en sus dominios hay tanta corrupción y podredumbre. Como resultado de este diagnóstico, por el «otro» lado comenzaron como en el pasado a surgir los movimientos y gobiernos nacionalista moralizadores y defensores de los pueblos y patrias explotadas. Surge Chávez en Venezuela como figura emblemática popular arrasando elección tras elección con el 80% del pueblo sufriente detrás suyo. Tercer productor petrolero del mundo se pone a la cabeza de la OLP que reflota con el apoyo árabe, reivindicando esa riqueza con la libertad y justicia social para su pueblo venezolano. Nace el zapatismo en el mexicano Chiapas con Marcos, que enarbola la lucha por los derechos indígenas aplastados desde la época de Emiliano Zapata. Incipientes, también movimientos indígenas en Ecuador que vio en sus crisis hasta desaparecer su vieja moneda patria, el Sucre, por el dólar gringo, en torno a la figura del indio Antonio Vargas, presidente de la Celai Organización en Defensa de los Derechos del Indio, reclamando incluso volver a su signo monetario. Y la FARC colombiana, con el dominio de más de un tercio del territorio patrio con Marulanda a la cabeza, que enfrenta el acoso bélico imperial yanki con el gobierno títere de Pastrana, que pierde a diario popularidad y apoyo de su propio pueblo.
Argentina, agravando el panorama, se tambalea en manos de un presidente intrascendente. Lo advierte el propio Cardozo. En este panorama, los pueblos americanos carecen de futuro, incluyendo el nuestro, que sólo sabe depender de los «vecinos». Seguimos siendo pasto de las grandes oligarquías económicas y políticas vernáculas y mundiales y en definitiva grandes estancias del imperialismo yanki.
¿No habrá llegado la hora de repensar las situaciones y buscar otros frentes nacionales en nuestra América enfrentando en el futuro estas realidades que nos ahogan económica y vitalmente? Hay que esperar qué se desprende del caos argentino. Si allí surgiera algún movimiento con figuras como fueron Perón o Irigoyen en su momento, sumados a las realidades que ya existen en el continente, puede haber otro panorama que cree una esperanza real de libertad y justicia social. De cualquier manera, es aconsejable seguir cultivando cada «chacra» con sus respectivos «canteritos» revolucionarios nacionales.
Quién te dice, que no surja un amanecer libertario en el futuro americano. Quien no arriesga no gana. *
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