CONVOCADA POR EL PIT-CNT

Contundente protesta popular

La jornada de ayer, realizada a partir de la convocatoria de las organizaciones sindicales, se convirtió, por su extensión, en un verdadero pronunciamiento nacional acerca de las líneas de política económica que desarrolla el gobierno.

Cuatro rasgos merecen destacarse de la jornada. En primer lugar la contundencia del paro en la actividad pública y privada, en el campo fabril, del transporte, en el sector financiero y del comercio.

En segundo lugar la intensidad de las medidas de paro y actos públicos que se llevaron adelante en el interior del país. Las actividades de protesta social son ahora tan o más intensas en los departamentos que en Montevideo. Es una señal de la extensión de la recesión económica que aflige al país urbano y también rural. Los actos, desarrollados en un gran número de localidades, hablan de la receptividad de las medidas de protesta en capas nuevas de la población.

En tercer lugar, las coordenadas programáticas de las acciones sindicales, el contenido de sus proclamas y discursos evidencian la existencia de un sindicalismo atento a todo lo que ocurre en el país. Una acción gremial que no ha quedado presa en las reivindicaciones inmediatas de los gremios urbanos sino que amplía su horizonte hacia la problemática de la vivienda, de la desocupación, y del estancamiento y la crisis del país productivo.

En cuarto lugar, y en concordancia con esta elevación de miras, el sindicalismo busca y materializa alianzas sociales que otras formas de organización popular, como lo puede ser FUCVAM o los medianos y pequeños productores rurales.

El esfuerzo de estas entidades de avanzar en la creación de un bloque social alternativo expresa un grado de desarrollo del pensamiento social que debe ser tenido en cuenta en el momento de tomar las decisiones.

Desde el punto de vista de los intereses generales del país, y del afianzamiento de sus instituciones democráticas, que es el que asumimos para realizar estas consideraciones, la jornada contiene una señal perfectamente clara y audible: vastas organizaciones sociales, de Montevideo y del Interior del país expresan su malestar sobre la situación y, a la vez, hacen conocer sus propuestas alternativas.

Ante esta expresión multitudinaria, el gobierno puede optar entre dos actitudes. O bien se mantiene en la tesitura de empecinamiento que ha evidenciado en esta última etapa, personificada no sólo en las actitudes arrogantes del Ministro de Economía, o del Ministro de Trabajo, sino también, lamentablemente, en expresiones del propio Presidente de la República o bien abre, con los interlocutores sociales, un intercambio fructífero.

Abrir instancias de diálogo no le disminuye un ápice la autoridad a ningún gobierno democrático. La propia estructura constitucional del país establece los organismos que pueden ser sede de discusiones y entendimientos de carácter nacional entre los trabajadores, los empresarios y el gobierno.

Sólo un estólido empecinamiento puede negar que la sociedad uruguaya vive un período de emergencia social, de descalabro de sus estructuras societarias, empezando por la familia trabajadora de la ciudad y del campo.

El gobierno nacional daría una muestra de gran vitalidad si ante las expresiones plebiscitarias de la jornada de ayer, con buen sentido y modestia, se aviniera a discutir con las fuerzas vivas que protestan.

Las soluciones a las que se arribe serán las propuestas por las organizaciones sociales o no. O lo serán parcialmente, pero después de un diálogo serio y con disposición a la autocrítica y al cambio, el país sería distinto. Y la confianza en «salir adelante entre todos» algo más que una mera expresión de buenos deseos. *

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